Dsde hace un tiempo me pasa algo que me preocupa y, por momentos, me desespera: ya no consigo concentrarme para leer un libro. Siempre disfruté de la lectura, de perderme entre las páginas de una novela o detenerme en una reflexión. Hoy, en cambio, siento una necesidad casi incontrolable de llegar al final antes de haber recorrido el camino.

Tengo 43 años... Empiezo un libro y, después de unas pocas páginas, me descubro adelantándome para saber cómo termina. Con los artículos periodísticos me sucede algo parecido. Mis ojos buscan directamente las frases destacadas en negrita, los resúmenes y las conclusiones. Muchas veces me quedo solamente con el título, la volanta y la bajada, convencida de que con eso ya estoy informada.

Lo más angustiante es que soy consciente de lo que me pasa, pero no consigo evitarlo. Me impaciento frente a los párrafos largos, me distraigo y siento que estoy perdiendo el tiempo si una lectura no me ofrece rápidamente una respuesta. Es como si necesitara consumir información, pero hubiera perdido la capacidad de disfrutarla.

Me pregunto cuánto tienen que ver las redes sociales, los teléfonos celulares y esa costumbre de recibirlo todo resumido, fragmentado y servido en unos pocos segundos. ¿Nos estamos acostumbrando tanto a la inmediatez que ya no toleramos el esfuerzo de leer?

A veces pienso que no estoy perdiendo solamente un hábito, sino también una forma de pensar. Porque leer no debería consistir únicamente en conocer el desenlace de una historia o quedarse con tres frases importantes. También es detenerse, imaginar, interpretar y descubrir cosas que ningún resumen puede reemplazar.

Quisiera recuperar esa paciencia. Volver a sentarme con un libro sin mirar cuántas páginas faltan. Leer una noticia completa sin sentir la urgencia de saltar al último párrafo. Tengo apenas 43 años y me angustia pensar que, en una época en la que nunca tuvimos tanta información al alcance de la mano, me esté resultando cada vez más difícil prestar atención a una sola cosa.

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