Zeinab Bashir al Shafi, una mujer sudanesa de 70 años, carga la extenuación en la voz. Habla con firmeza, pero de forma pausada y amortiguada. Reposada sobre una alfombra, descalza, con las piernas cruzadas y vistiendo un toub de colores, recuerda que hasta hace poco tiempo ella y su familia llevaban una buena vida, cómoda. Que no les faltaba nada.
Seguir leyendo