El aire en las calles de los barrios de La Plata norte, Tolosa y Ringuelet, está cargado de una mezcla de indignación y comida descompuesta.
Desde que en la madrugada del lunes un incendio en la subestación de la empresa Edelap dejó a miles de usuarios en penumbras, la vida cotidiana se transformó en una lucha por la supervivencia básica.
El cronista Nicolás Chillón, del programa “Todo no se puede” por La Cielo 103.5, recorrió la zona recogiendo testimonios que pintan un cuadro de desamparo absoluto, donde la falta de energía eléctrica es solo el disparador de una crisis mayor: la inseguridad descontrolada y la ausencia de respuesta por parte de las autoridades municipales y provinciales.
El cementerio de alimentos
Para los vecinos de la zona de 520 entre 3 y 4, el paso de las horas se mide en la cantidad de bolsas de basura que deben sacar a la vereda, repletas de comida que ya no sirve. Una vecina, con la voz quebrada por la impotencia, relató el impacto económico y emocional de la situación: “Estamos hace 56 horas sin luz y bueno, tuvimos hoy que tirar todos los alimentos, todas las cosas que teníamos en el freezer. Ayer casi entran a robar en la casa de una vecina. Es una barbaridad lo que está pasando”.
La situación es especialmente cruel para los sectores más vulnerables. Una jubilada que vive en la zona desde hace más de seis décadas expresó su bronca al ver cómo años de ahorro en el consumo se esfumaban en tres días de desidia: “Recién hace 20 minutos que volvió, estuvimos 55 horas sin luz. Perdí todo lo que tenía en el freezer en mi casa. Soy jubilada. Perdí cajas de hamburguesa, pollos que compré… tenía mucha comida porque yo voy cocinando y voy guardando. Es una vergüenza lo que está pasando en Tolosa”.
La paradoja de recibir facturas exorbitantes mientras el servicio es nulo es una constante en el relato vecinal: “Este mes y el mes pasado pagué 145.000… y tres días sin luz. ¿Quién me va a dar ahora? ¿Qué hago yo con un inútil número de reclamo?”.
Una “boca de lobo” para el delito
Cuando cae el sol, el miedo reemplaza a la indignación. Sin alumbrado público y con las alarmas domiciliarias silenciadas por la falta de batería, las calles se transforman en lo que los vecinos definen unánimemente como una “boca de lobo”.
La oscuridad total facilita el accionar de delincuentes que actúan con total impunidad, ante una presencia policial que, según denuncian, es ineficiente o directamente inexistente.
“La inseguridad que tenemos acá es tremenda. Todos los días hay robos. Todos los niños que tenemos, que trajeron nuevos del barrio nos roban… ya no sabemos qué más hacer. Que alguien haga algo, que salga el gobernador, que salga el intendente, no sé quién”. Los relatos de hechos delictivos se suceden uno tras otro. En una tienda de ropa cercana, los ladrones no se conformaron con forzar la entrada: “A una casa de una tienda así de cuajo le arrancaron la persiana… a la noche le robaron”,.
La desesperación lleva a los vecinos a tomar medidas extremas para proteger lo poco que les queda. Un trabajador de la zona de 524 y 4 bis explicó la logística del miedo: “No podés dejar la casa sola porque te roban todo. Yo tengo que ir a trabajar y me turno con mi mujer… dormís con un ojo al lado de la puerta porque escuchás ruidos y escuchás gritos”.
Incluso los comerciantes han llegado a situaciones cinematográficas, como el caso de Juan, un carnicero local que, ante los reiterados asaltos, “se quedaba a dormir adentro de la cámara del local, adentro de la cámara frigorífica, la cual obviamente había apagado, se había traído un colchón y dormía dentro porque ya estaba cansado que le roben”, contó el cronista de La Cielo.
Vivir entre baldes y pantallas apagadas
El impacto del apagón trasciende lo económico y la seguridad; afecta la salud y el desarrollo personal. Sin electricidad, las bombas de agua dejan de funcionar, obligando a las familias a retroceder décadas en sus hábitos de higiene. “Con el tema baños, bueno, estamos con los baldes… hay un hilito de agua y bueno, cargando los baldes y tirándolos en el inodoro. Es una locura”.
Para quienes trabajan o estudian, la falta de luz significa la parálisis total de sus proyectos. Una vecina relató cómo la crisis golpeó directamente el futuro de su hija y su propio sustento: “Perdí trabajo porque trabajo online… y mi nena, que para la facultad no puede estudiar porque tiene todo en la computadora. Esto es un trastorno, la verdad que la estamos pasando mal”.
La única respuesta que reciben de la empresa Edelap es un sistema automatizado que no ofrece soluciones reales: “Lo único que me figura en el celular son reclamos. Reclamos nada más. Después nadie contestó nada”.
El abandono del Estado y la organización vecinal
La crítica hacia la gestión política es feroz. Los vecinos denuncian una desconexión total de las autoridades con la realidad del barrio.
Ante la consulta de si algún funcionario municipal o provincial se había acercado a brindar asistencia, la respuesta fue sin atenuantes: “No, nadie, nadie… ni tampoco alguna autoridad municipal, provincial, no, nadie”,. La ausencia de contención es tal que el único nexo que encuentran es un referente de la Asamblea Vecinal de Tolosa, quien, desde ya, “no es ningún tipo de funcionario, ninguna autoridad. Es un vecino más”.
La sensación de ser ciudadanos de segunda clase se profundiza al comparar la situación con otros barrios o al notar la falta de apoyo de asociaciones intermedias. Un vecino resumió el sentimiento colectivo con una frase que resuena en cada esquina de Tolosa: “Somos laburantes. Pagamos 180,000 pesos de luz y es una tomada de pelo, la verdad. Y aparte no puede dejar la casa sola porque pasa esto de la seguridad y nadie se hace cargo”.
Mientras Edelap continúa intentando la normalización total del servicio tras el incendio, los vecinos de Tolosa y Ringuelet permanecen en guardia.
Entre la comida podrida y el silencio inquietante de las calles oscuras, la comunidad se organiza como puede, cuidándose entre sí en una ciudad que parece haberles dado la espalda.
La crisis eléctrica puso de manifiesto otra crisis mucho más profunda: la de un Estado que no protege y una empresa que solo parece presente a la hora de enviar las facturas.
La nota Voces del apagón: el drama de Tolosa entre la desidia, el abandono y la inseguridad se publicó primero en Infocielo. Escrita por Adrián Belinche
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