La histórica nevada que pintó de blanco a Oruro, en Bolivia, ha dejado muchísimas postales en las redes, pero ninguna tan tierna como la del hombre que aprovechó la ocasión para armar un osito de nieve con sus propias manos. El nivel de detalle y atención que le dedicó a su creación se correspondió con el resultado: una figura adorable con sus ojos, una pequeña nariz y hasta las almohadillas de las patas.