Vengo del futuro. Para ir hasta allí no tuve que subirme a un DeLorean, bastó con un vuelo regular de Iberia. Fui a Budapest, donde una sequía brutal ha dejado al Danubio en los huesos. El río más largo de la Unión Europea es un titán hídrico que cabalga a 2,3 millones de litros por segundo a su paso por la capital de Hungría, pero yo lo encontré desbravado, una masa de agua quieta y perezosa como un lago. Bajé a su lecho y vi los enormes muros que se alzaban a los lados, para contener lo que no era más que aire. Fue una experiencia sobrecogedora, como pasear por un estadio vacío.

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