Por tercera vez desde que lanzó su guerra junto a Israel contra Irán, el presidente Donald Trump tuvo que acudir a la base aérea de Dover para recibir con honores los restos de los cuatro militares estadounidenses que murieron en ataques iraníes en Jordania e Irak la semana pasada. Mientras reconoció que esto era "una de las cosas más difíciles de hacer" como mandatario, abogó por hacer "pagar un precio muy alto" a Teherán por cada soldado estadounidense caído.