Las palabras de la ministra de Sanidad, Mónica García, que este domingo calificó la situación en Ceuta de “crisis humanitaria absolutamente excepcional”, elevan con acierto el tono del Gobierno para referirse a la situación en la ciudad autónoma. Han pasado 20 días desde el asalto a la frontera española en el que cruzaron irregularmente más de 70.000 personas y cualquier intento de transmitir normalidad y control desde las instituciones choca a diario con una realidad sobre el terreno que sigue siendo penosa para los propios migrantes y para la población ceutí, obligada a volcarse con sus propios recursos en la acogida de miles de refugiados en condiciones de vulnerabilidad extrema y con necesidades desconocidas en una ciudad europea.
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