La ausencia de un cuerpo y una obra inacabada. Jamás sabremos, parece, dónde están los restos de Lorca, como tampoco sabremos nunca cómo habría sido esa obra que dejó empezada, La bola negra, de la que apenas se conservan cuatro páginas manuscritas. Todo lo que podemos hacer con lo que nos dejó es volver a contarlo de nuevo desde la inmensidad de sus palabras y sus símbolos, y tal vez mirar hacia atrás desde una memoria distinta, para enhe­brar un relato que, en el fondo, se nos ha hurtado a todos. Cuerpos, memoria, deseos, ausencias… y cine, mucho cine. Los Javis nos han regalado una película bella y vibrante. Y lorquiana, claro.

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