Cada vez que la tragedia golpea, el diagnóstico se repite con precisión: escasez de medios, personal o coordinación. ¿Cómo es posible que siempre falte algo? Esa escasez tiene una llamativa excepción: rara vez alcanza a cargos públicos, asesores, concejalías de discutida utilidad o puestos ocupados por personas cuya principal cualificación parece ser la afinidad política. Necesitamos una Administración que distinga entre lo imprescindible y lo accesorio. Si siempre nos dicen que faltan recursos, ha llegado el momento de preguntarnos dónde sobran. La prevención también se decide en los presupuestos. Lo que hoy lamentamos como una desgracia, a menudo empezó siendo una prioridad mal elegida.
Seguir leyendo