Hace 25 años, Adam Lake participó en las labores de rescate tras los atentados de las Torres Gemelas de Nueva York. Allí perdió a 11 compañeros de su unidad. Ahora, a 6.200 kilómetros de la ciudad estadounidense, este bombero jubilado se enfunda los pantalones y la chaqueta ignífuga, se ajusta las botas y coge los guantes y el casco. Vive en Jávea (Alicante) desde hace dos años. A su lado, otros tres voluntarios —un inglés, un colombiano y un irlandés— terminan de equiparse antes de subir al vehículo con el que recorrerán el término municipal. Es miércoles, 15 de julio, y uno de los días más tórridos del verano hasta ahora. La alerta por riesgo de incendio es extrema y patrullan a diario.

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