En el corazón del histórico barrio obrero y latino de la Misión, en San Francisco, la puerta de un bajo no deja de abrirse, al lado de una cafetería de moda. A pocos pasos pasa cada mañana uno de los autobuses privados que trasladan a los empleados de las grandes tecnológicas a sus sedes de Silicon Valley, más al sur. El piso, de 74 metros cuadrados, recién reformado y amueblado, está bien pensado, desde la pequeña cocina abierta hasta los armarios empotrados. Pero entra poca luz. De sus dos dormitorios, uno no tiene ventana. Y todo, por 4.750 dólares al mes.
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