Un recorte de una fotografía de una modelo y el titular “adictos a los tranquilizantes” se esconde entre las buganvillas, las casas blancas y las calles empedradas del idílico Cadaqués. Además de irónicas, estas obras son discretas, se encuentran en las cajas eléctricas o en los muros del pueblo y se ubican tan al alcance de la mano que es posible tocarlas y hasta intervenirlas. Es la idea del impulsor de esta iniciativa: que el arte en este pueblo salga a la calle y sea accesible.
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