Antes de llegar al aeropuerto, Sam Tunick sabía que las autoridades lo vigilaban. El activista de Atlanta descubrió que la Policía habría instalado una cámara oculta frente a la que creía era su casa y varios manifestantes que, como él, protestaron contra la construcción de un centro de entrenamiento policial han enfrentado cargos criminales por motivos que, según sus defensores legales, más parecían pretextos para silenciarlos. Por eso, explica el abogado de Tunick, Matthew Dodge, su cliente instaló en su teléfono celular GrapheneOS, un sistema operativo que permite activar un código para eliminar de inmediato todo el contenido del dispositivo. Esa función fue la que utilizó cuando agentes federales lo sometieron a un interrogatorio en el aeropuerto. Pero ahora enfrenta un cargo por destruir lo que los fiscales consideran evidencia para una investigación.

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