Con Los efímeros, Ulises Conti da una prueba más de su enorme versatilidad. Después de editar un disco singular y desafiante, armado con una serie de grabaciones de campo realizadas en una ciudad alemana –Bremen (2016)–, y otro de música electrónica –1.234,8 (2017)–, este artista siempre reacio a la ortodoxia retoma su relación con la música orquestal a través de 10 delicados movimientos grabados en vivo en La Usina del Arte. "Es una obra clásica con una orquesta, un director y un arreglador, e interpretada en vivo en una sala diseñada para eso", explica él. "Supongo que es una representación formal y una puesta en escena de cómo pasa a través de mí la música clásica. También es mi primera obra donde no participo como intérprete. Supongo que la música que haga en el futuro va a ser cada vez más abstracta y desarticulada, una resonancia que se activa aleatoriamente, una mancha en el pavimento que cuando la pisás suena", diagnostica.
En esta etapa, ¿estás más orientado a la creación y a la composición que a la ejecución?
La música es una tecnología de la mente. Como intérprete, mi relación con los instrumentos convencionales es cada vez más extraña y distante. Uso algún software, algún procesador, un sampler o una máquina que me ayude a programar lo que estoy pensando. Cuando no tengo escapatoria, me siento y toco el piano.
Hace cinco años, Conti firmó un contrato con Flau Records, un joven y prestigioso sello discográfico japonés que primero publicó la antología Atlas 2003 2013 y luego, en 2014, Los griegos creían que las estrellas eran pequeños agujeros por donde los dioses escuchaban a los hombres, un alfabeto sonoro con 27 temas. El año pasado, el músico argentino llevó a cabo una gira por distintas ciudades de Japón. Además de los conciertos, presentó su proyecto Caminar y escuchar, una caminata grupal y silenciosa que viene haciendo por diferentes ciudades del mundo, y Casas y paisajes sonoros de Santa Ana, una película sobre los sonidos de ese pueblo uruguayo.
Además, ya está programado en la edición de este año de la Bienal de Performance de Buenos Aires un trabajo basado El canto errante, escrito por el nicaragüense Rubén Darío. "La obra funciona como una suerte de encuentro de hip-hop en el que los participantes del barrio donde se va a montar riman el libro con música en vivo", adelanta.
Por si todo esto fuera poco, la editorial Mansalva acaba de editar Copacabana Palace, un libro que Ulises escribió durante una estadía en Río de Janeiro.
Supongo que fue el resultado de un impulso por contar pequeñas historias que estaban ahí dando vueltas, en la violencia de mi lengua, en una zona invisible que me generaba cierta incomodidad.
Ulises Conti
Según Francisco Garamona, editor de Mansalva, "los poemas de Copacabana Palace son micronovelas habitadas por mujeres, gangsters, autos deportivos, robots esperando el fin del mundo, monstruos con corazón de oro y carteles de neón resplandecientes en medio de la noche, escritos por alguien que pareciera estar prófugo, un narrador que escapa de su vida en busca de algo indescifrable".