Río de Janeiro (Env. Esp)

Martín Cabrera

mcabrera@eldia.com

La noche del Maracaná quedará en la historia más allá del resultado. Fue la noche que reunió la mayor movilización fuera del país en 17 años, la noche que el rojo y blanco copó este mítico estadio carioca, como algunas veces ocurrió en el Centenario, el Mineirao y otros escenarios del continente. Fueron 4 mil fanáticos del Pincha que ocuparon todo su sector y dejaron bien altos los valores del Club en un partido de tamaña envergadura. Unas horas antes del inicio, el sistema reconoció que no había más entradas a la venta.

Los hinchas se hicieron sentir y les dejaron un cariño inmenso a los jugadores, que ya habían quedado impactados la noche del miércoles cuando una multitud los esperó en la puerta del hotel Windsor Barra. Fue un viaje que será imposible de olvidar. Para muchos el primero, para otros la segunda vez, y hubo muchos afortunados que se dieron el gusto de ver estas instancias en varias ocasiones y en esta oportunidad con parte de su familia.

Fue este el mayor símbolo del cruce de fronteras futbolísticas. Familias marcadas por el rojo y blanco de toda la vida que viajaron con hijos y nietos para sentir otra vez esa sensación de jugar una semifinal de Copa Libertadores y ser uno de los cuatro mejores equipos del continente. Vaya a saber cuánto tiempo pasará para volver a vivirlo y por eso no se lo quisieron perder.

Nombrar a uno sería un acto de injusticia. Hubo cientos de esos apellidos conocidos de Estudiantes que estuvieron en familia en la tribuna Sul del estadio Maracaná. Se escucharon relatos de emoción total, y expresiones de orgullo por sobre todas las cosas.

Otra, vez las fronteras de La Plata no fueron obstáculo para el fervor. Estuvieron los representantes de cada barrio, zona y localidad de la Región, pero tam bién de ciudades cercanas y del interior del país. Estudiantes estuvo representado por filiales nacionales y del exterior. Por ejemplo Gerardo Lázzari, un platense que vive desde hace muchos años en Río de Janeiro, decía que ver al Pincha era una manera de estar cerca de su papá que ya falleció hace un tiempo. El fanatismo tomó formas como las de Joaquín, también platense pero radicado desde hace seis años en Madrid. “Me tomé un vuelo para ver este partido y me vuelvo el viernes”, confesó.

Viajaron en vuelos directos, con combinaciones por Chile y Uruguay. En colectivo. Desde todos los puntos del país. Fue una movilización que no solo impactó por el número sino también por el grado de emoción.

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La caravana hacia el estadio fue de todas las maneras posibles. Hubo un grupo importante que se concentró en el Parque Olímpico, en Barra da Tijuca para salir desde allí en minibuses, combis y demás medios, sin autos particulares. Este grupo fue el más numeroso pero no la única manera de trasladarse hacia el estadio.

Los que estaban alojados en Copacabana movilizaron de manera más orgánica: partieron desde el hotel Othon no menos de 40 minibuses y camionetas con hinchas que llegaron de manera directa hasta la puerta 10, por donde ingresó el público visitante.

Las puertas del Maracaná se abrieron pasadas las 18, para que todos los hinchas pudiesen ingresar de la mejor manera, tranquilos y sin corridas. Como el sistema que se implementa es el del reconocimiento facial, algunos tuvieron algún problema, pero se resolvieron de la mejor manera conforme pasaron los minutos.

En la tribuna visitante no se desplegaron banderas sino que hubo una sola: Los Leales. Se informó que la organización no los dejó. Salvo eso, fue todo muy normal y tranquilo. No se vivieron cruces ni problemas. Lo que pudieron ingresar los hinchas fueron algunos bombos y redoblantes que en teoría no estaban permitidos.

cristian MEDINA PASÓ A SALUDAR AL PLANTEL

Una de las notas de color la protagonizó Cristian Medina, quien se acercó hasta el hotel en donde concentró la delegación albirroja para saludar a sus excompañeros. El ahora jugador de Botafogo, que fuera campeón con el Pincha por duplicado durante el 2025, dialogó un rato largo con varios de los futbolistas que anoche jugaron en el Maracaná, compartiendo risas y recuerdos. Pese a haber estado un año solo dejó un buen imagen y logró entrar dentro del corazón de los hinchas. Si bien el Club no pudo hacer negocio económico, le sirvió para empujar a un equipo que terminó el año de la mejor manera. Esta vez, el fútbol lo encontró en la vereda de enfrente, pero con un rato para reencontrarse con viejos conocidos.