Uno puede preguntarse si debe tomarse en serio una serie que comienza con una voz en off de su protagonista, adolescente en 1981, señalando, desde una futura y no enseñada adultez, que “los jóvenes de hoy lo tienen jodidamente fácil”. Pero si a continuación el argumento que agrava las vicisitudes de crecer en los ochenta frente a las de hoy es que “nuestra generación lo tuvo más difícil porque tuvimos que lidiar con asesinos en serie”, a cualquier espectador se le debería disipar cualquier duda.
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