La naturaleza no le ha dado a Abelardo de la Espriella, presidente de Colombia, los cien días de gracia de la cortesía parlamentaria. El pasado día 10, un fuerte terremoto de magnitud 7,4 golpeó el occidente del país. El epicentro fue en uno de los departamentos más pobres, el Chocó. Allí y en ciudades como Cali o Pereira, el paisaje es desolador: casi 300 muertos y miles de casas destruidas. Por estos días, X o Instagram permiten ver el alcance de la movilización de la sociedad civil ante la tragedia, pero también la tormenta desatada por la gestión del Tigre, como se hace llamar el mandatario.
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