El mapa del transporte de pasajeros en la región atraviesa una transformación que parece irreversible. En las calles de La Plata, Berisso y Ensenada, el histórico paisaje de paradas fijas de taxis y agencias de remises le cede terreno al constante parpadeo de las pantallas de celulares. Choferes de ambos sectores tradicionales se suman al trabajo mediante aplicaciones de viajes (Uber, Cabify, DiDi), impulsados por una brecha de demanda que califican de abrumadora: mientras la actividad del viaje por parada o llamado telefónico cae en forma drástica, las alertas en las plataformas digitales no dejan de sonar.

Sin embargo no todo es viento a favor a bordo de un coche de aplicación. A los taxistas y remiseros se suman quienes quedan desempleados o bien aquellos que quieren sumar ingresos porque con un trabajo no alcanza. Así se infla la oferta y empieza la batalla por los viajes. ¿Cuáles son los más rendidores? ¿cuántas horas hay que conducir para que rinda una jornada? y otros tantos interrogantes aparecen en el horizonte de la movilidad en la Región.

En la dinámica cotidiana del chofer de aplicación existe un cálculo financiero central: la distancia. Quienes trabajan día a día en la plataforma coinciden en que la mayor rentabilidad reside en los trayectos de corta y mediana distancia. Las métricas de las plataformas marcan que, a menor cantidad de kilómetros recorridos, mayor es el porcentaje de ganancia neta para el conductor en relación al tiempo consumido y al desgaste del vehículo, mientras que las largas distancias suelen castigar el bolsillo si se regresa con el auto vacío.

EL VIAJE “REDONDO”

Sin embargo, cuando la logística juega a favor, las jornadas resultan excepcionales. Así lo atestigua un remisero de la zona que trabajaba sólo en el sistema tradicional y hoy combina ambas modalidades: “El otro día me salió un viaje por la agencia de remises desde La Plata hasta la Ciudad de Buenos Aires. Lo cobré 150.000 pesos. Lo bueno vino después: para no volver con el auto vacío a La Plata, encendí las aplicaciones allá y empecé a tomar viajes. En el trayecto de regreso hice media docena de viajes cortos y medianos que me fueron ‘trayendo’ tramo a tramo de vuelta a La Plata. Terminó siendo una jornada sumamente rendidora”, relató el conductor, quien agregó que “si hacía el mismo viaje a Buenos Aires como aplicación recibía como mucho 20.000 pesos entre lo que me paga la aplicación, peajes y el combustible, que no me alcanza para nada”.

El “escudo” de la habilitación

Esta convivencia entre el sistema tradicional y las plataformas encierra, además, una ventaja táctica decisiva para los choferes: el resguardo legal frente a los controles de tránsito. Taxistas y remiseros que operan con aplicaciones destacan que contar con la habilitación municipal correspondiente (oblea, VTV de servicio público, licencia profesional y seguro específico) funciona como un verdadero escudo protector. Ante los operativos de fiscalización en la vía pública, presentan la documentación reglamentaria y continúan marcha sin inconvenientes.

La contracara la padecen los conductores particulares no habilitados. En distritos como Berisso, los operativos de control contra el transporte no regularizado registran sanciones severas: recuperar un vehículo secuestrado por prestar servicios mediante aplicaciones sin habilitación puede demandar erogaciones superiores al millón de pesos entre multas, acarreo y estadía. Allí rige una prohibición para las aplicaciones mediante la ordenanza Nº 3837 y su decreto correspondiente. En La Plata no se definió aún el camino a seguir. Hay proyectos para habilitarlas, pero aún no encontraron una decisión definitiva.

NUEVAS UNIDADES DE NEGOCIO

El vertiginoso crecimiento de la demanda también dio origen a un nuevo fenómeno comercial en la región: el alquiler de autos destinados exclusivamente al trabajo en aplicaciones. Ante la imposibilidad de muchos trabajadores de acceder a un vehículo propio apto para los requisitos de las plataformas, proliferan las ofertas de alquiler que rondan los 60.000 pesos diarios, costo al que el chofer debe adicionarle el combustible o la carga de GNC.

Con costos operativos en aumento y modalidades que mutan día a día, la movilidad en la región avanza hacia un esquema donde la tecnología marca el ritmo de las calles y la necesidad laboral redefine los viejos límites entre el remis, el taxi y la aplicación.