“En estos relatos, lo cotidiano se estira hasta volverse extraño, y lo absurdo convive con lo sensible sin pedir permiso”, anticipa Cecil Pastorini -quien vio la luz por primera vez en 1992, nacida y criada en Capital Federal, hija de la primera camada de Licenciados en Artes de la Escritura de la Universidad Nacional de Arte- en el preámbulo de su nuevo libro de cuentos Algo de qué preocuparme (2025), publicado y editado por Deshoras.

La autora insiste en la advertencia: “El hilo conductor es la preocupación: esa voz interna que interrumpe todo y pregunta cosas que no tienen respuesta”, y añade: “Cada personaje intenta, como puede, lidiar con su propio ruido mental. Y en el intento, a veces se vuelve torpe, excesivo, melancólico, encantador”. De esta premisa brota la literatura que da forma, tono y estilo a los 13 cuentos de la obra publicada a mediados del año pasado.

Pero la preocupación, en Pastorini, no aparece solamente como un estado de ánimo. Se convierte en una manera de mirar. Sus personajes dudan, imaginan escenarios improbables, vuelven una y otra vez sobre una conversación, una decisión o un deseo. Y esa insistencia mental modifica aquello que los rodea: una cita amorosa puede convertirse en una aventura delirante; una internación, en un interminable libro de quejas; una discusión de pareja, en una tormenta literal y también afectiva.

El mecanismo es uno de los más eficaces del libro: tomar una preocupación reconocible y llevarla unos pasos más allá. La ansiedad no necesariamente inventa un problema; muchas veces encuentra uno real y decide no soltarlo. De allí surge una comicidad incómoda, que no se burla tanto del personaje como de esa capacidad humana de quedar atrapados en asuntos mínimos mientras alrededor ocurren cosas enormes.

La escritura de Pastorini se apoya en esa frontera borrosa entre la vida y sus representaciones. Sus personajes hablan como si estuvieran conversando en una cocina, en un hospital, en un colectivo o en una verdulería, pero de pronto la escena se desprende de la lógica cotidiana. Hay referencias a la cultura popular, al melodrama, a la literatura, a la televisión y al habla coloquial. No funcionan como obstáculos para la lectura sino como parte del juego.

Pastorini tiene, además, una trayectoria que ayuda a entender la amplitud de registros de este libro. Se formó como actriz, participó en producciones teatrales y audiovisuales, escribió guiones, dirigió un cortometraje y un largometraje y, en 2023, se graduó como Licenciada en Artes de la Escritura en la Universidad Nacional de las Artes, después de siete años de estudio. “Algo de qué preocuparme” fue, precisamente, su tesis de graduación.

Tal vez por eso sus cuentos tienen algo de escena representada: voces muy marcadas, personajes que parecen hablar antes de que el narrador termine de acomodarlos y situaciones que avanzan con la velocidad de una conversación. Pero también hay una búsqueda literaria evidente en la forma de encadenar imágenes, deformar la realidad y convertir una preocupación mínima en una maquinaria narrativa.

En el fondo, los trece cuentos parecen partir de una misma certeza: preocuparse también es imaginar. Imaginar qué puede salir mal, qué quiso decir el otro, qué habría ocurrido si una decisión hubiese sido diferente. Pastorini toma ese movimiento mental -a veces agotador, a veces ridículo- y lo transforma en literatura. No intenta resolver las preocupaciones de sus personajes. Hace algo más interesante: las deja crecer hasta que se vuelven historias.

Porque, como propone la propia autora, estos no son relatos construidos alrededor de respuestas sino alrededor de las vueltas que damos mientras intentamos encontrarlas.

Algo de qué preocuparme

cecil pastorini

Editorial: Deshoras

Páginas: 173

Precio: $25.000

Pastorini ofrece en su relato una obra que carece de respuestas pero sobran los enigmas

La prosa de Pastorini es cercana: sus personajes representan figuras habituales, diarias