Los bajos niveles de agua en el río Danubio están amenazando la generación de electricidad interna y las importaciones de combustible crítico de Serbia, lo que lleva al país a las filas de las naciones europeas que sufren de perturbaciones energéticas relacionadas con el calor.

Las entradas de agua extremadamente bajas han obligado a la empresa estatal de servicios públicos, la Industria de Energía Eléctrica de Serbia (EPS), a reducir la generación de energía eléctrica en las enormes centrales hidroeléctricas Đerdap. Como informó Balcan Insight, mientras que el Director de EPS, Dušan Živković, insistió en que el suministro de electricidad permanece temporalmente estable, la persistente falta de lluvias y la nieve invernal baja en los Alpes siguen destacando la red nacional.

La crisis ambiental también ha perturbado gravemente las rutas de importación de energía de Serbia a lo largo del Danubio, que sirve de importante corredor de tránsito comercial. Los bajos niveles de agua han dejado embarcaciones y pontones varados en tierra seca, deteniendo el transporte fluvial de productos esenciales del petróleo. Se esperaba que más de la mitad de las 39.000 toneladas de diésel programadas para la importación en agosto llegaran por el río, pero estas entregas ahora son muy inciertas. En respuesta, el miércoles el Ministro de Minería y Energía Dubravka Đedović Handanović se reunió con los principales representantes del petróleo para organizar el transporte ferroviario alternativo y asegurar canales de suministro doméstico.

Para mitigar la amenaza de la escasez aguda de combustible y mantener en funcionamiento el sector energético nacional, el Gobierno de Serbia ha aplicado medidas estrictas de emergencia. La industria petrolera de Serbia (NIS) anunció que liberará aproximadamente 23.000 toneladas de sus reservas de combustible operacional a otras compañías petroleras nacionales mientras aumenta el procesamiento diario del petróleo crudo. Además, el Gobierno ha prorrogado las exportaciones de combustible hasta finales de agosto.

Estas medidas de protección ponen de relieve los crecientes desafíos que enfrentan los gobiernos del sur de Europa a medida que las perturbaciones relacionadas con el clima amenazan cada vez más la infraestructura civil básica.