El sarampión sigue representando un riesgo para las comunidades con baja cobertura de vacunación, pese a ser una enfermedad prevenible. Altamente contagioso y capaz de provocar complicaciones graves, puede reintroducirse a través de viajeros infectados y propagarse entre personas que no cuentan con la protección adecuada.

“A pesar de ser una enfermedad prevenible, siguen apareciendo brotes debido principalmente a la baja en las coberturas de vacunación, la falta de información y el aumento de los viajes internacionales de personas no inmunizadas”, explicó la infectóloga pediátrica Virginia Verdaguer.

La especialista señaló que el virus encuentra condiciones para circular cuando se acumulan personas sin vacunar, con esquemas incompletos o sin inmunidad comprobada. A ello se suman las dificultades para acceder a la vacunación y las demoras en la consulta.

Un brote que pone en evidencia el riesgo

El estado de Nueva York declaró el 5 de octubre una emergencia por desastre ante el aumento de los casos de sarampión. Hasta el 3 de octubre había registrado 108 contagios: siete en la ciudad y 101 en el resto del estado. De ese total, 92 se habían notificado desde el 15 de julio en comunidades rurales con inmunización insuficiente, distribuidas en 18 condados. La medida amplió las facultades de los profesionales sanitarios para vacunar y solicitar pruebas.

Verdaguer advirtió que Argentina también está expuesta a la introducción del virus desde países donde continúa circulando. Un caso importado puede generar transmisión local si entra en contacto con personas susceptibles.

Por eso, sostuvo que un buen promedio nacional de vacunación resulta insuficiente cuando existen comunidades con numerosos habitantes sin protección. Las coberturas deben ser altas y homogéneas para reducir la posibilidad de brotes y proteger también a quienes no pueden vacunarse por indicación médica.

Cuáles son los síntomas

El sarampión se transmite por vía respiratoria, a través de las partículas que una persona infectada elimina al respirar, hablar, toser o estornudar. Según explicó la médica, el virus puede permanecer en el aire hasta dos horas y contagiar a nueve de cada diez contactos susceptibles.

Una persona infectada puede transmitirlo desde cuatro días antes hasta cuatro días después de la aparición de la erupción. Esto significa que el contagio puede producirse cuando todavía no se reconoce la enfermedad.

Los síntomas suelen comenzar entre siete y catorce días después del contacto. Incluyen fiebre alta, tos, secreción nasal, ojos rojos y malestar. Luego aparece una erupción que comienza en la cara y se extiende al resto del cuerpo.

Ante fiebre y manchas rojas en la piel, se debe consultar de inmediato. La recomendación es avisar al centro de salud antes de concurrir, para que pueda organizar la atención y evitar la exposición de otras personas. También se deben informar viajes recientes o contactos con casos sospechosos y evitar los espacios públicos hasta recibir indicaciones del equipo médico.

“El sarampión no es una enfermedad benigna”, remarcó Verdaguer. Aunque muchas personas se recuperan, puede provocar otitis, diarrea y neumonía, una de las principales causas de hospitalización asociadas a la infección.

También puede causar encefalitis, una inflamación del cerebro poco frecuente, pero potencialmente grave, que puede dejar secuelas neurológicas permanentes.

Además, la infección puede debilitar temporalmente el sistema inmunológico y aumentar la vulnerabilidad frente a otras enfermedades.

Los niños menores de cinco años, las personas con inmunocompromiso o desnutrición, las embarazadas y los adultos tienen mayor riesgo de desarrollar complicaciones. Durante el embarazo, el sarampión puede afectar tanto a la madre como al bebé y asociarse con parto prematuro y otras consecuencias adversas.