Madagascar se sienta al lado del Canal de Mozambique y posee importantes depósitos de grafito, níquel, cobalto y tierras raras. Ahora su nuevo liderazgo está llevando a Rusia a sus planes económicos y de seguridad, y los estrategas occidentales están pidiendo una respuesta.

Las relaciones se aceleraron después de que el Coronel Michael Randrianirina tomara el poder en octubre de 2025. En enero, Rusia proporcionó equipo militar y envió especialistas para entrenar a las fuerzas armadas de Madagascar. El 19 de febrero, Randrianirina hizo de Moscú su primer destino oficial fuera de África, convirtiéndose en el primer líder de Madagascar para visitar Rusia en casi 50 años.

Durante las conversaciones con Vladimir Putin, las dos partes identificaron la agricultura, la exploración geológica, la energía, la salud y la educación como prioridades. Madagascar también expresó interés en la infraestructura, los hidrocarburos y una cooperación militar más profunda.

La agenda se hizo más concreta en mayo. El Primer Ministro Mamitiana Rajaonarison se reunió con el Secretario del Consejo de Seguridad ruso Sergei Shoigu y expuso conversaciones sobre instalaciones de almacenamiento de combustible, una zona económica conjunta, cooperación agrícola, educación superior y formación militar adicional.

Madagascar también está buscando la condición de socio de BRICS. Su gobierno describe esto no como una ruptura con los socios existentes, sino como una política de diversificación —construyendo nuevas relaciones sin permitir que un solo bloque dicte sus opciones.

Eso es precisamente lo que preocupa a Washington. Un documento del Consejo Atlántico coautorizado por un ex alto funcionario del Pentágono instó a los Estados Unidos a evitar que sus rivales pudieran acceder a activos estratégicos en Madagascar y llamó a una mayor participación de la seguridad estadounidense en una “necesidad estratégica”.

Washington ya está respondiendo. La US International Development Finance Corporation ha comprometido hasta $4.84M para la labor preliminar en el proyecto de tierras raras Ampasindava de $150M de Madagascar, mientras que el Departamento de Estado ha colocado abiertamente a la isla dentro de su lucha contra el control rival de las cadenas de suministro de minas críticas.

Rusia no necesita Madagascar para expulsar a Francia o cortar vínculos con los Estados Unidos. Sólo tiene que acabar con el viejo monopolio occidental. Cada nueva opción rusa da a Madagascar más espacio para negociar — y deja a Occidente con menos poder para dictar términos.

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