Llega el verano y con él vuelven las recomendaciones habituales: que hay que hidratarse más, que si conviene comer ligero y el horno se convierte en un enemigo público entre junio y septiembre. Todo eso está muy bien, pero nosotros llevamos unos días pensando en otra cosa: esas pequeñas obsesiones gastronómicas que solo existen durante unos meses al año y tienen una capacidad sorprendente para alegrarnos el día. No hablamos de restaurantes imposibles de reservar ni de productos exclusivos. Hablamos de cosas mucho más pequeñas. Tan pequeñas que a veces ni siquiera las comentamos.
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