Uno ha intimado con personas en parques, portales, probadores, aparcamientos, escaleras y, por supuesto, baños; los baños de un garito de punk rock, los baños de un Parador Nacional, los baños de un after hours periférico en una mañana lejana y borrosa. El amor —y lo que surge— brota inevitablemente en la ciudad, pero más a pesar de ella que gracias a ella. Levantan nuevas promociones de pisos de extrarradio, traen conciertos mastodónticos de estrellas musicales y a veces hablan de poner una gran noria… pero nadie se preocupa del amor.
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