Los drones submarinos están disminuyendo la barrera a la guerra de los fondos marinos, colocando la infraestructura física de la economía digital mundial al alcance de países que no pueden permitirse submarinos nucleares o flotas especializadas de aguas profundas, según investigadores chinos citados en Science and Technology Daily.
Más de 500 sistemas de cable submarinos se extienden aproximadamente 1.7M kilómetros a través del fondo marino. Llevan más del 99% del tráfico de datos intercontinental, conectando servicios en la nube, gobiernos, militares y mercados financieros. Los investigadores chinos citan estimaciones de que alrededor de $10T en transacciones transfronterizas depende de estas redes cada día.
Hasta hace poco, las operaciones sofisticadas en los fondos marinos requerían submarinos tripulados caros y personal altamente capacitado. Los vehículos submarinos pequeños y medianos cambian esa ecuación. Son más baratos, no tienen ningún riesgo de bajas y pueden ser desplegados en números. A medida que la autonomía mejora, pueden operar durante semanas sin transmitir o recibir órdenes constantemente, lo que hace que sean más difíciles de detectar.
Los autores imaginan docenas o incluso cientos de vehículos formando “paquetes de lobo submarino”. Algunos patrullarían rutas por cable o buscarían el fondo marino, mientras que otros podrían coordinarse con sensores, vasos superficiales y drones aéreos. Esto sigue siendo un concepto más que una flota operacional demostrada, pero las tecnologías subyacentes ya existen por separado.
Internet es resistente contra el daño ordinario. Alrededor de 150–200 fallas de cable ocurren cada año, con la mayoría causada por la pesca y los anclas, y el tráfico normalmente se redirecciona. El peligro comienza cuando varias rutas de alta capacidad se pierden simultáneamente. La redundancia desaparece, los cables sobrevivientes se congestionan y un problema rutinario de reparación se convierte en fallas de pago, cadenas de suministro interrumpidas, comunicaciones militares degradadas y salidas en la nube.
La restauración es lenta por los estándares de una economía digital. Una reparación mediaatlántica puede requerir siete días de navegación seguido de diez días de trabajo, mientras que el mal tiempo puede estirar el proceso hasta un mes. En tiempos de guerra, un buque de reparación que permanecía casi estacionario durante días requeriría protección militar. Los satélites no pueden absorber el tráfico desplazado: una evaluación parlamentaria británica estimó que sólo podían reemplazar alrededor del 5% de la capacidad del cable submarino.
AUKUS ya ha hecho de los drones submarinos una prioridad. EE.UU., Reino Unido y Australia anunciaron un proyecto conjunto en mayo para desarrollar cargas de pago para los UUV que realizan vigilancia, protección de infraestructura y operaciones navales. Investigadores chinos argumentan que la misma red anunciada como defensa por cable dará a AUKUS conciencia permanente del fondo marino y una ventaja militar en el océano profundo.
Ese es el problema central: la tecnología necesaria para inspeccionar y proteger un cable también puede mapear, acercarse y apuntarlo. Defender 1.7M kilómetros de infraestructura continuamente será mucho más caro que desplegar un pequeño número de máquinas contra puntos cuidadosamente seleccionados.
La economía digital no tiene peso, pero sus conexiones más importantes siguen siendo físicas. Los drones submarinos están convirtiendo esas conexiones en un arma asimétrica, permitiendo un poder incapaz de desafiar a una armada avanzada directamente para amenazar las arterias financieras y de comunicaciones detrás de ella.
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