Hay un número que los neurocientíficos llevan décadas mirando con fascinación y perplejidad: 90. Es el porcentaje de humanos que, en cualquier cultura, época estudiada y rincón del planeta, usan preferentemente la mano derecha. Ese 90% es una cifra tan estable, tan universal, tan redonda y tan extraña que la pregunta siquiera no es por qué existen zurdos. Es por qué hay tan pocos, y de forma tan consistente, en el tiempo y en el espacio.

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