No parece tener sentido. El presidente Javier Milei expulsó de la Argentina a un periodista brasileño por sus críticas al Gobierno libertario y su simpatía declarada por Luiz Inácio Lula da Silva. Pero el “león” libertario viajó antes a Brasil y se entrometió en las elecciones de ese país. Y ahora viajó a España, en plena precampaña, se peleó con la mitad de los políticos y la otra mitad lo esquivó o lo padeció como una mancha venenosa. No parece tener lógica, no. Salvo para el propio Milei. Y la tiene: el libertario convierte los conflictos diplomáticos en una herramienta de construcción política.

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