El paso de Karina Milei del tarot y la pastelería a manejar los hilos de un país, sin siquiera haber sido candidata, será uno de los episodios más fascinantes que los historiadores del futuro deberán desentrañar y juzgar. Porque no hay triángulos ni cuadraturas de poder: sólo hay un hombre elegido como presidente y una mujer que controla a ese hombre, que le atribuye poderes que los humanos no poseen. Leer más