A medida que los Estados Unidos, Rusia y China compiten por convertir un Ártico derretido en la próxima gran puerta económica del mundo, sus ambiciones estratégicas enfrentan una amenaza oculta: agitar el permafrost.
Desde que regresó al cargo el año pasado, el presidente estadounidense Donald Trump ha empujado a expandir la huella del Ártico de Estados Unidos. Esto incluye invertir en rompehielos para contrarrestar las ambiciones navieras rusas y chinas, desbloquear los recursos naturales en Alaska y renovar los esfuerzos para comprar o anexar Groenlandia.
Sin embargo, como los tres poderes vie...