El fuego se ha convertido en compañero de nuestros veranos. Lo ha sido siempre, se apresuran a decir quienes se resisten a llamar las cosas por su nombre. Convengamos que la presencia del fuego no es por sí sola una novedad. Cualquiera con edad de andar por el mundo sin chupete a finales de los ochenta recordará la cancioncilla: “Todos contra el fuego, todos contra el fuego. Tú lo puedes evitar”. La cantaba un grupo risueño de gente famosa en aquellos anuncios del Instituto de Conservación de la Naturaleza, el ICONA, responsable desde 1971 de las campañas de prevención de incendios forestales, mientras simpáticos excursionistas coqueteaban con acciones peligrosas para el monte. Tras el segundo de duda, la colilla terminaba en el cenicero, la cerilla se apagaba y la parrilla quedaba sin rescoldos, limpísima. Tú lo puedes evitar.
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