QUILMES
Palabras del Gobernador Kicillof durante la inauguración de una Alcaidía Departamental
Jueves 21 de Agosto 2025
Buenos días a todos y todas. Muchísimas gracias, Mayra [Mayra Mendoza, intendenta local], por recibirnos de nuevo en Quilmes. Hoy para traer una obra muy esperada, muy importante, central para Quilmes, para la Provincia y para un plan que está resultando histórico.
Hoy nos acompañan el ministro de Seguridad, también el ministro de Justicia, representantes del Poder Judicial, nuestra plana mayor del Servicio Penitenciario. Y esto nos permite decir que, a pesar de las dificultades, del abandono y de los intentos de ahogo — luego voy a poner cifras— por parte del Gobierno nacional, nosotros iniciamos una tarea desde el comienzo de esta gestión que, a pesar de todos estos inconvenientes, nos posiciona como la única provincia del país que tiene un plan de ampliación de la infraestructura penitenciaria que sigue desarrollando y que va dando resultados y frutos.
Cuando miro lo que venimos haciendo, a esta altura, en su carácter acumulativo y permanente, va dando un resultado histórico. Y cuando digo histórico —yo sé que hoy nos tienen acostumbrados desde el Gobierno nacional a autoproclamarse el mejor de la historia, del mundo, de la humanidad; no estoy hablando de eso, de adjetivación— estoy hablando de hechos y de números reales ante una problemática grave —por no decir dramática—, que atravesó durante demasiado tiempo nuestro Sistema Penitenciario, nuestro servicio penitenciario, nuestra capacidad absolutamente desbordada.
Yo siempre recuerdo, que cuando asumimos, allá por 2019, luego del gobierno de Vidal y de Macri —que debo mencionarlos porque es importante el papel que tuvo este antecedente para comprender la dimensión de lo que se recibió y lo que estamos haciendo hoy— teníamos 16.000 internos penitenciarios en huelga de hambre. Había realmente una situación trágica. Esto tenía que ver con dos factores. Uno coyuntural, era que como ocurrió y como ocurre habitualmente con estas experiencias neoliberales, de derecha, en la política económica que pregonan cuestiones fantásticas y luego, rápidamente, cuando se les acaba el financiamiento espurio, la fuga de capitales, lo que ocurre es que estalla por el aire la situación y termina en crisis. Lo cierto es —y repito, no es calificativo, ni chicana ni expresión, es la realidad— que el gobierno que me precedió dejó de comprar alimento para las cárceles bonaerenses. Había, paradójicamente, una huelga de hambre porque no había comida en nuestro Sistema Penitenciario.
Esa es la cuestión coyuntural, pero también hay que hablar de la realidad estructural que atravesaba el Servicio Penitenciario. Esa realidad era la de sobrepoblación que había derivado en una crisis humanitaria, dicha por la máxima autoridad penal de la Provincia de Buenos Aires y también por organismos internacionales. Una crisis humanitaria en el interior de las cárceles de nuestra provincia. ¿De dónde se derivaba? De que en 200 años de historia que tiene la Provincia y su Sistema Penitenciario se construyeron 24.000 plazas en nuestras cárceles. Retengan este número, porque cuando asumimos teníamos la situación de sobrepoblación más grande y agravada de la historia, con 51.000 internos en el Sistema Penitenciario completo, incluyendo también quienes estaban recluidos en calabozos de comisaría —como decía recién la intendenta— sin cumplir con las condiciones mínimas para su detención.
Detenciones que, a veces, en calabozos de comisarías, se extendían por años mientras esperaban condena en situaciones precarias, y utilizando personal policial para funciones para las que no está preparado. Además de distraerse de aquello que deben hacer, patrullar las calles, dedicarse a funciones de prevenciones, de policiamiento, estaban atendiendo a los presos, a sus familiares, de manera permanente en comisarías de la Provincia que no están para que eso ocurra.
Debemos recordar y lamentar que las famosas fugas de presos que se dieron en la Ciudad de Buenos Aires, en su enorme mayoría, se derivaron de situaciones como las que estoy describiendo. Una multitud de presos en calabozos de comisarías con —digo de nuevo— los efectivos atendiendo no solo la comida, su situación, sino también a los familiares, las visitas, todas cuestiones absolutamente ajenas a su función y peligrosas para ellos, para los familiares y para la comunidad en su conjunto. No están preparados, para eso está el Servicio Penitenciario.
Repito, entonces, 200 años: 24.000 plazas cuando asumimos; huelga de hambre; sobrepoblación histórica con 51.000 presos. Hablo de dos siglos sin construir y sin abordar un plan de expansión de la infraestructura penitenciaria de la provincia de Buenos Aires. ¿Por qué? Las cosas tienen que tener una explicación. ¿A nadie se le ocurrió? Hacía falta, ¿pero nadie lo pensó? ¿A nadie se le ocurrió? ¿Nadie vio que había que hacer esto? Las dificultades para desarrollar un plan serio, contundente, de ampliación de nuestro Sistema Penitenciario, tropieza con dificultades, con problemáticas realmente muy complejas. Tiene que ver con la cuestión económico-financiera, por supuesto. Esta alcaidía de 312 plazas —para que tengan una idea— ha tenido un costo de 15.000 millones de pesos, redondeando. Más o menos, previo a la devaluación de Milei de estos días, más o menos, 15 millones de dólares. 300 plazas.
Entonces, veamos cuál es la dificultad en el terreno económico financiero. Un plan significativo, no digo hacer una reforma, una ampliación, agregar un pabellón, dos celdas, en alguna unidad penitenciaria ya existente. Digo un plan de ampliación estructural, histórico y relevante de la infraestructura penitenciaria. Es de un costo elevadísimo, altísimo, que supera con creces las posibilidades de un Gobierno provincial, como el nuestro. Y es imposible abordar la cuestión estructural de la ampliación del Sistema Penitenciario Bonaerense si no hay acompañamiento, si no hay asistencia, del Gobierno nacional en el terreno económico-financiero.
Nuestra Provincia ya está suficientemente castigada con lo que recibe, disminuido en coparticipación federal, como para que, además, tenga que abordar un plan de infraestructura penitenciario, junto con el plan de escuelas, con el plan de hospitales, porque tenemos déficits estructurales inmensos. Asfalto, luminarias, agua, cloacas, entonces, probablemente este sea uno de los principales motivos, pero no el único, por el cual nunca en 200 años a nadie se le ocurrió expandir el Sistema Penitenciario Bonaerense. Porque es muy costoso, porque es una inversión realmente inmensa y porque supera las posibilidades financieras de la Provincia, históricamente. Segunda dificultad: los ciclos políticos. Abordar una ampliación del Sistema Penitenciario que sea sustancial, es algo que requiere una planificación a mediano plazo, por decirlo así.
Obviamente, desde que asume un gobierno hasta que inicia el plan, puede transcurrir un año o dos y luego en los dos años restantes de una gestión, no alcanza para hacer nada importante, es muy caro y lleva mucho tiempo. Pero en tercer lugar, hay desafíos muy grandes para la ampliación del Sistema Penitenciario, que es la ubicación de las unidades carcelarias. Es un tema complejísimo. Teníamos 24.000 plazas en nuestras unidades penitenciarias históricas. Ampliar esto de manera relevante requiere encontrar ubicación para nuevas unidades, para alcaldías como esta, con un agravante que tiene que ver con un cambio que lo hemos discutido con jueces, fiscales, con el Sistema Judicial de la Provincia y con el Sistema de Seguridad.
Que es que un requisito que nos habíamos planteado —allá por el comienzo de nuestra gestión cuando el ministro de Justicia era el actual intendente de La Plata, Julio Alak— era ubicar las nuevas unidades no en lugares remotos o distantes, en el interior de la provincia de Buenos Aires, donde suele haber más accesibilidad de terrenos, de tierras, pero que genera una dificultad evidente que es propia de una cuestión que tiene que ver mucho y mucho con la seguridad. Si uno sitúa las unidades penitenciarias distantes de la ubicación de donde son las familias de origen de los que son condenados, luego esto, por supuesto, por la distancia, al tratarse mayormente de familias humildes, afecta la posibilidad de visita, de vínculo de quien está recluido con su familia. Siempre, si aquel que cumple condena está a 500 kilómetros, la familia es humilde, prioriza sus necesidades, hacer el viaje, la estadía, para ir a visitar a quien está recluido.
Y, obviamente, el régimen de visita, la posibilidad de la visita afecta, por supuesto, luego la reinserción de quien cumple condena. Porque si no lo visitan y se aísla, la probabilidad, —y esto está estudiado— de reincidencia al cumplir la condena es mucho mayor. Pierde el vínculo, vuelve a una familia que al paso del tiempo le puede resultar más distante y ajena. Quiero decir, son factores centrales para ver la ubicación de las nuevas unidades. Había que hacer un plan caro, costoso, que lleva tiempo y, además, encontrar y acordar con los territorios la ubicación de las nuevas unidades. Por eso, yo le quiero agradecer especialmente a la intendenta de Quilmes por permitirnos, por haber habilitado y por haber contribuido de esta manera exitosa a un trabajo conjunto para poder localizar esta alcaidía en el conurbano bonaerense, en la localidad de Quilmes. Gracias, Mayra.
Nos planteamos —y recuerdo los primeros días cuando lo formulábamos— un plan que nos decían que era faraónico, porque el objetivo de nuestra planificación era incrementar la cantidad de plazas penitenciarias de la Provincia a un ritmo y en una envergadura histórica. Lo cual era imprescindible si queríamos hacer algo relevante y estructural. No alcanzaba con ampliar en 1.000 unidades, en 1.000 plazas, como se hizo en otras gestiones. Por ejemplo, el caso de la gestión que me precedió, la gestión Vidal. Asume Vidal, 36.000 internos. Termina Vidal, 51.000 internos. Son 15.000 internos nuevos. ¿Cuántas plazas penitenciarias adicionó? 1.000. Es decir, había una incoherencia entre los hechos, los resultados de la política judicial y de seguridad, y la infraestructura que teníamos. ¿En qué derivó? En una catástrofe humanitaria en nuestras cárceles. No se puede hacer una cosa sin la otra.
Entonces, nos planteamos ampliar con un plan muy ambicioso la infraestructura penitenciaria de manera histórica. ¿Cuántas plazas más era, es, continúa siendo el proyecto? De las 24.000 existentes, adicionar, en un plazo de 8 años, 12.000 plazas nuevas. Que crezca en un 50 por ciento. Lo que tardó 200 años en llegar a 24.000, agregarle la mitad más en 8 años. Este era el desafío.
¿Qué es lo que hemos hecho hasta el día de la fecha? ¿Qué es lo que estamos concluyendo hoy? Que vamos a inaugurar dos centros penitenciarios. Uno, una alcaidía, aquí en Quilmes, de 312 plazas. Otra, una unidad penitenciaria de 992 plazas en Varela.
¿Qué es lo que hemos hecho hasta hoy? Hasta hoy, hemos inaugurado 7 alcaidías, con esta 8. Como sé que hoy el Gobierno nacional trabaja de mentir, quiero dejar en claro dónde están ubicadas, para que nadie tenga ninguna duda de que esta es la realidad que está viviendo la Provincia. Hemos inaugurado en Varela, en Berazategui, en Brown, en Lomas, en Melchor Romero, en González Catán y en Merlo, alcaidías similares a esta. 7, con esta 8 alcaidías de 15 millones de dólares cada una.
Unidades penitenciarias de mayor envergadura: hemos inaugurado unidades penales en San Martín, Magdalena, Lomas de Zamora, 2 en Florencio Varela y 2 en Merlo. 7 unidades penitenciarias más en el Sistema Penitenciario Bonaerense. A esto podemos sumar ampliaciones como la de Varela, la de Campana y la de Olmos, de más de 100 plazas. Quiero decir, que nuestro programa, nuestro plan, nuestra planificación está en curso, está funcionando. Y está dando el siguiente resultado, para que quede claro. Al día de hoy, con lo que vamos a hace…