LA PLATA

Palabras del Gobernador Kicillof durante la inauguración de la nueva guardia de Salud Mental del Hospital Dr. Alejandro Korn

Martes 28 de Julio 2026

Buenos días a todos, a todas. Varias sensaciones además de lo que tenemos que comunicar hoy, que lo podemos explicar, contar, enmarcarlo dentro de una política, como decían recién Julieta [Julieta Calmels, subsecretaria de Salud Mental, Consumos Problemáticos y Violencias en el Ámbito de la Salud], Nicolás [Nicolás Kreplak, ministro de Salud de la Provincia de Buenos Aires]. Les pido a los medios de prensa, a todos los presentes, que miren lo que ha hecho la Provincia de Buenos Aires para cuidar la salud mental de los y las bonaerenses.

Esta es una sala, un pabellón, que tenía como todo este hospital —un hospital de los más antiguos— su infraestructura comprometida por el paso del tiempo, pero además por los cambios en los paradigmas de atención. Aquí había esos grandes pabellones con camas una al lado de la otra, modelos que ya no se utilizan más, que ya no sirven, que han sido modificados, como también el manicomio acá cerquita. Recordaba recién, creo que tuve una especie de trauma, porque decía, ¿dónde había sido? Estuvimos acá cuando recorrimos las instalaciones del viejo manicomio.

Varias reflexiones, varios comentarios sobre esto. Primero, que desde el comienzo de nuestra primera gestión nos propusimos hacer una fuerte, enorme, inmensa transformación en el modo de atención de la salud en general, con un proceso de integración del sistema de salud de la provincia de Buenos Aires, pero particularmente dentro de esa integración un capítulo muy relevante, especial, dedicado a salud mental. Una revolución en salud mental en la provincia de Buenos Aires. Yo creo que son tantas las cosas que se han hecho, los avances que se han dado, esto no quiere decir que no falte un trecho larguísimo, por supuesto, pero se han hecho tantas modificaciones, intervenciones, inversiones y tanto cambio que la verdad que hay una realidad completamente distinta. Estamos llevando adelante una revolución en la atención de la salud mental en la provincia de Buenos Aires que tiene muchísimos ítems. Uno de ellos tiene que ver con lo que estamos inaugurando hoy.

Es cierto que el Estado, para decirlo de manera más simple y llana, ha tenido históricamente algún tipo de intervención en materia de salud mental, alguna participación, pero la verdad es que lo que hacía el Estado en salud mental no sólo era insuficiente, sino que estaba mayormente —creo yo— equivocado, falto de una inteligencia, de una revisión, de un planteamiento, de una planificación. Era un desastre. Me comentaban recién cuando visitábamos el comedor de esta sala, en qué condiciones encontramos algunos comedores de otras instalaciones, de otras salas en otros lugares de la Provincia, vinculadas a la salud mental cuando asumimos. Con internos, con pacientes, con personas internadas que estaban en condiciones de desnutrición prácticamente. Y hay que decirlo porque es duro, es áspero, pero hay que también asumir esa situación y ese punto de partida. En condiciones de desnutrición, de abandono, comiendo desnudos arriba de una mesa.

Y esto quiero decirlo porque es como lo sentimos y como lo vemos, los que menos tienen responsabilidad en esto son los trabajadores y trabajadoras de la salud mental. Ninguna. Víctimas también de un sistema que los abandonó, que no pensó, que no invirtió, que ajustó, que quitó. Yo siempre cito, porque me impactó cuando lo leí hace muchísimo tiempo, La Historia de la Locura, de Foucault, que decía, si uno quiere ver cuál es el estado moral de una sociedad, vayan a ver un manicomio, a ver cómo se trata y cómo se interactúa con las personas en condiciones realmente tan precarias y tan difíciles. Los manicomios en la provincia de Buenos Aires eran una muestra, una postal, un elemento que permite ver algo que ocurría en diferentes dimensiones y con diferente grado de peligrosidad en diferentes áreas, en muchas, en todas las áreas del Estado provincial. Veníamos de muchísimo tiempo de abandono, décadas me animo a decir.

Por supuesto que el gobierno que nos precedió era un gobierno de la motosierra, con buenos modales tal vez, sin tanto insulto, pero de la motosierra también en materia de políticas públicas. Y vinimos y nos propusimos reconvertir, transformar, reconstruir el aspecto vinculado a la salud mental en la provincia de Buenos Aires. Lo que tiene que ver con una cantidad enorme, que no voy a enumerar hoy, de acciones, pero que este edificio que tenemos atrás es una muestra de lo que estamos haciendo y de lo que aspiramos a hacer y que se haga en la provincia de Buenos Aires. Y lo quiero decir con toda claridad, porque estos días que se habla de reelecciones, yo quiero decir que aspiramos a que este proyecto que estamos llevando a cabo, adelante, en salud y en salud mental, tenga su reelección en 2027. No yo como gobernador, pero que se continúen con estas políticas, que sigan adelante.

Y esto es lo que también queremos someter a discusión, a crítica, por supuesto, a análisis y a comparación con lo que está pasando a nivel nacional hoy en nuestro país. Yo decía cuando iniciamos este gobierno —ya hace casi 7 años— que pusimos en marcha diferentes políticas, que hicimos un diagnóstico, un análisis de lo que había, que resolvimos cómo abordarlo, que nos dimos planes quinquenales en todas las áreas del gobierno y que venimos llevando adelante estas políticas. Pero en aquel momento, hablo de esto, del origen, cómo lo encontramos, qué nos proponíamos hacer. No sabíamos que venían dos de los acontecimientos más complejos para la salud en general y para la salud mental de la historia argentina.

Por un lado la pandemia, un hecho epidemiológico de escala internacional que afectó a todo el planeta, a todo el globo, que afectó a nuestro país entero, a la provincia de Buenos Aires y que nos encontró a nosotros también teniendo que abordar esa cuestión en condiciones de absoluta precariedad, porque recibíamos recién, hacía muy poquito lo que describía antes, un sistema de salud desfinanciado, abandonado, destruido. Un sistema educativo, un sistema productivo, una infraestructura, y tuvimos que en esas condiciones, abordar la pandemia. Y la cuestión de la salud mental tuvo en la pandemia dos caras.

Por un lado, la gravedad del hecho y el efecto que tuvo sobre nuestras conciencias, sobre nuestra vida, nuestros estados de ánimo, nuestro trabajo, los vínculos, las relaciones, fue ahí donde la cuestión de las nuevas tecnologías, que venía despuntando, explotó. Todos tuvimos que conocer lo que era un Zoom, comunicarnos a distancia, abandonar la presencialidad en todos los aspectos de la vida. Pero decía doble cara, por un lado esta cuestión, la gravedad, y por otro lado, también una toma de conciencia de nuestra sociedad, una visibilización, un nuevo abordaje cultural, social, colectivo, de las cuestiones que tienen que ver con la salud mental, los padecimientos, el sufrimiento, los vínculos, la angustia, con situaciones que antes —lo decimos siempre porque luego de la pandemia fueron las primeras cuestiones sobre las que tuvimos que trabajar— lo que dejó la pandemia, lo que dejó en los pibes, las pibas, pero en la sociedad en general, esa etapa de aislamiento tan grave y la reincorporación.

El retomar la vida colectiva, los lugares como la escuela, como son diferentes ámbitos educativos, donde entre las primeras demandas, entre las más fuertes, estaba qué íbamos a hacer con lo que la pandemia dejó, con lo que produjo y con lo que hay para adelante. Pero junto con eso aparecieron otras cuestiones, otras dimensiones que venían de antes y que se manifestaron como resultado de retomar la actividad. Ahí diseñamos programas específicos que pensamos, como tantas cosas, que tal vez eran para la pandemia o para la pospandemia, pero que luego resultaron permanentes, que eran necesarias, que no se veían. La pandemia, por eso decía esta doble cara, contribuyó a manifestar, expresar y obligar a tomar, por lo menos a quienes nos interesa, lo que necesita la Provincia, nuestro pueblo, a tomar decisiones y a formular políticas y crear programas. La pandemia generó un brote, por llamarlo así, de cuestiones vinculadas a la salud mental donde nadie se pudo hacer el distraído.

Por suerte, y quiero agradecerle a Nicolás, a Julieta, a todo el equipo de salud y de salud mental, teníamos un trabajo previo, veníamos construyendo, diseñando, planificando, programando. Y hubo, en aquel momento, un primer acontecimiento y luego, lo que estamos viviendo hoy, lo tengo que decir, porque lo charlábamos recién con los trabajadores, las trabajadoras, con los profesionales, con enfermeros, enfermeras, con todos los que lidian con esto todos los días. Estamos viendo un crecimiento exponencial, un aumento muy grande en lo que nosotros veníamos preparándonos, pero no de esta manera y no a este ritmo. De pronto vemos que quien antes sentía que necesitaba hacer una consulta, hablar con alguien, disponía de la obra social –hoy las obras sociales están en crisis–, o disponía de alguna prepaga.

Hoy el que no tiene los medios o el que perdió el laburo o el que no llega a fin de mes no lo tiene, o que lo abordaba por privado y entonces “tengo que hacer una consulta, necesito”. Y había una serie de dispositivos, de lugares, de oferta privada que hoy no existe más y a eso se suma la imposibilidad de las familias, de las personas de abordarlo con sus propios recursos. Y pega bien con lo que venimos haciendo, por suerte lo veníamos haciendo, porque cuando llegamos nosotros, salud mental no era algo que participara de manera integrada con nuestro sistema de salud, con nuestros hospitales, era algo que estaba separado o que no estaba o que estaba ausente y que parecía que no era una responsabilidad o que no era algo que tuviera que hacer el Estado.

La salud pública era, parecía, una salud que excluía a la salud mental. Eso ya no pasa más en nuestra provincia de Buenos Aires y es un cambio cultural, esta gente que habla todo el día de cambio cultural y nos dice “el cambio cultural es que seamos más mezquinos, más individualistas, más egoístas”, que todos pensemos que es el “sálvese quien pueda”. Para nosotros este cambio cultural en la provincia de Buenos Aires significa que si alguien necesita, requiere, demanda alguna voz, algún oído, algún acompañamiento o más que eso, algún tipo de terapia, tratamiento, internación en salud mental, lo pueda tener de manera pública y gratuita en el sistema de salud de la provincia de Buenos Aires.

Entonces hoy todos los hospitales provinciales tienen un servicio de salud mental que está integrado con el resto del hospital. Es un cambio histórico y creo que tiene algunos elementos muy destacables, por ejemplo, lo que estamos inaugurando hoy y las varias, las tantas inversiones que hemos hecho en materia de infraestructura dedicada, exclusiva, únicamente, diseñada y pensada para la atención de la salud mental. Eso no existía en la provincia de Buenos Aires, lo último que se había construido en materia de salud mental, el último ladrillo que se había puesto era para hacer un manicomio. Hoy estamos abriendo salas, centros comunitarios, incluso casas como las que pronto debemos inaugurar para acompañar a aquellos que tienen que tener una respuesta particular, que tienen que hacerlo y que nos permiten superar ese modelo de encierro y prácticamente —lo voy a decir así— casi de tormento que se vivía con el sistema de manicomios.

Así que hoy estamos muy contentos, muy emocionados creo que todos, porque cuando se van cumpliendo, sobre todo en épocas donde también nos quieren asfixiar, nos quieren ahogar con los recursos a la provincia de Buenos Aires, yo diría casi que este podrá ser o no, uno de los más lindos, uno de los más importantes centros de sala de atención para salud mental de la República Argentina. Lo que sí digo es que estas obras que hacemos son de las únicas que se hacen en toda l…