Hordas de adolescentes criados bajo la dictadura del filtro fotográfico y el bótox preventivo están descubriendo que sus madres existieron para la moda antes del algoritmo. Que, una vez, también fueron jóvenes con cierto estilo. Tamaño hallazgo comenzó a compartirse a través de las redes sociales a principios de año, en alas del viral Mom, What Were You Like in The 90s? (Mamá, ¿cómo eras en los noventa?), fenómeno de consumo digital en el que la muchachada zeta y los alevines alfa editan, entre la ironía y el desconcierto, viejas instantáneas de sus progenitoras. Ahí están: mujeres sin retocar, embutidas en vaqueros Levi’s 501 de tiro imposible, camisetas blancas anodinas y chaquetas de cuero que suponemos con olor a tabaco y a calle. Pero la política del meme esconde una fractura biográfica sangrante, más profunda que cualquier juego nostálgico al ritmo del Iris de Goo Goo Dolls. Quienes hoy asimilan esa estética que identificamos con los estertores del siglo XX desde la distancia hiperconectada contemplan, en realidad, una estirpe que no podría resultarles más ajena: la de aquellos cachorros de la generación X, los hijos del desencanto que hicieron de la guitarra eléctrica su terapia y del desaliño grunge, un uniforme de combate. Ya tiene bemoles que una juventud obsesionada con la salud mental y la aprobación de la pantalla haga romanticismo de los cuerpos rotos y la apatía militante.
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