Hace algunos días, el gobierno nacional, mediante el decreto 697/2026, eliminó el Instituto Nacional de Alimentos (INAL) y sus funciones fueron absorbidas por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa). En términos generales pareciera una buena idea, de hecho, algunos propusimos varias veces a las autoridades políticas la modernización del Senasa, y su transformación en una Agencia de Control de Alimentos, donde la sanidad animal y vegetal fueran parte de los procesos primarios de control en el agregado de valor de las diferentes cadenas. Lamentablemente, nunca se logró avanzar por falta de liderazgos en la Secretaría de Agricultura o desconocimiento de quienes cumplían las funciones de ministros del área.

En materia de alimentos, en la Argentina el sistema se rige por el Código Alimentario Argentino (CAA), que sería el conjunto de normas y disposiciones que regulan los alimentos, bebidas y sus establecimientos elaboradores, determina las pautas de calidad, composición e inocuidad y establece rotulados y las condiciones sanitarias para la elaboración, almacenamiento y comercialización.

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Este CAA es elaborado en forma conjunta por las agencias con competencias en el tema como Senasa, los gobiernos provinciales y lo que era el INAL, mediante análisis y definiciones normativas que se realizaban a través de la Comisión Nacional de Alimentos (Conal), que fuera disuelta en agosto de 2025 mediante el decreto 538/2025, y era la que proponía estas normas relacionadas con la seguridad y calidad de los alimentos.

Y luego era el INAL el organismo encargado de controlar los alimentos elaborados mediante procesos industriales, realizar los análisis de laboratorio y el que participaba en la vigilancia sanitaria y aspectos relacionados a las importaciones y exportaciones de esos alimentos.

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Si bien el INAL estaba conformado por gente muy valiosa y de mucho conocimiento técnico, sus capacidades estaban condicionadas a las capacidades de las agencias provinciales y municipales responsables de las aprobaciones y controles de establecimientos elaboradores y alimentos a través de un sistema de pseudo descentralizaciones que el INAL administraba y realizaba el seguimiento y coordinación.

Hoy en día existe la paradoja de que el Senasa controla y audita los procesos de generación de materias primas y luego, mediante una mera presentación de una monografía y rotulado en una provincia o municipio, el alimento producido quedará habilitado. Imagínense lo precario del sistema.

Queda demostrado que el sistema de control de alimentos en la Argentina ha quedado en segundo plano, por eso existen dobles estándares sanitarios en la mayoría de las cadenas de agregado de valor de alimentos. Y bien es sabido que la importancia y presupuestos asignados a la Bromatología y Control de alimentos en las diferentes provincias y municipios no es el necesario.

Por todo ello, es increíble que, sin planificación alguna, sin la participación de los diferentes actores técnicos de las diferentes áreas, se tome una decisión tan trascendente. De hecho, los equipos técnicos y profesionales de Senasa se enteraron del decreto cuando fue publicado.

Aparentemente en el Senasa se trabajó el tema en la ahora denominada “Gerencia”, integrada por profesionales que reportan al ministro Federico Sturzenegger. Consultadas varias provincias, como referimos parte excluyente hasta ahora de lo operativo, tampoco supieron del cambio y menos saben cómo seguiría su interfase. En definitiva, solo desconcierto, falta de planificación y, lo más grave, supone una fuerte hipótesis de cierta profundización en el debilitamiento en materia de controles.

Hace ya un tiempo vengo alertando cómo las intromisiones del Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado en Senasa, que no solo avasallan las responsabilidades de la Secretaria de Agricultura, sino que ponen en riesgo diferentes áreas de incumbencia. Así es como se flexibilizaron normas de importaciones de medicamentos, sin contemplar que las equivalencias son bilaterales y no multilaterales. Así es como se eliminó el director técnico de en un frigorífico, pero se sostiene para una planta de alimento para mascota. También es como se avanza con la trazabilidad de medicamentos solo para proteger a la industria de carne equina, que por cierto viene incumpliendo cuanta norma se propone desde el Senasa y poniendo en riesgo la relación con la UE y amparado en exfuncionarios que operan como asesores de dicha industria monopólica.

Y así podríamos seguir enumerando estas propuestas de pseudo modernizaciones que solo buscan facilitar las acciones o reclamos de algunos sectores o beneficiar a algún sector en particular, en lugar de fortalecer y sostener el capital sanitario argentino en su conjunto.

Por último, lo más llamativo es que se le agreguen funciones al Senasa, un organismo que día a día viene perdiendo liderazgo técnico, que ha perdido más de 600 profesionales en los últimos dos años por los magros salarios de sus agentes, y que no se lo dota, siquiera, del presupuesto que le corresponde para su funcionamiento.

El autor es productor agropecuario, exvicepresidente del Senasa