LAS PÉRDIDAS

Sara A. Canestri expresa: “Muy acertado el artículo sobre el otro duelo que sufre la vejez : el desprendimiento de las cosas materiales que nos acompañaron durante casi una vida. Debí agregarlo a mi artículo VEJEZ, pero como tengo la mala costumbre de escribir “desnudando” lo que siento, o me pasa, omití el tema. Por lo tanto debo decir que, por suerte, no tuve que desprenderme de la casa, ni de los muebles, ni de la ropa, ni de los libros. Tampoco del auto pero sí de manejar, pero como fue una decisión propia, no impuesta, me costó menos. Lo peor, desde mi punto de vista es la pérdida de autonomía. Tener que pedir o depender de otros, aunque éstos sean solícitos hijos, cuesta. Se puede acudir a un UBER, y arreglarnos solas pero a veces necesitamos, por ejemplo, que alguien más escuche un diagnóstico para no errar. El otro tema crucial es el de los acompañantes terapéuticos. No todo el mundo se acostumbra de entrada a ellos. La mayoría se resiste hasta que entiende que no hay más remedio. La gente joven tiene autorización para decirnos que somos caprichosas, bravas, mandonas y algún otro calificativo similar, pero dicho con cariño. Que un día estamos que nos morimos y al siguiente bailamos, cantamos, reímos. Pero chicos, no es fácil. Ya lo verán”.