Como todos los 17 de agosto, ayer a las 19 comenzó la histórica vigilia frente a la comisaría Novena de La Plata, en la esquina de las calles 5 y 59, donde vieron por última vez -hace 33 años- al estudiante de Periodismo Miguel Bru.
El acto, que contó con la participación de unas 200 personas, se extendió hasta las 2 de la madrugada de hoy, horario en el cual se probó en el juicio oral y público que lo ingresaron de forma ilegal a esa dependencia policial, lo torturaron hasta la muerte y lo sacaron para desaparecerlo.
La vigilia es un homenaje, una conmemoración simbólica y una reafirmación de la lucha. La primera fue el 17 de agosto de 1999, luego del proceso donde se condenó a sus asesinos, para reclamar la aparición de su cuerpo.
En la oportunidad Rosa Bru fue acompañada por familiares de víctimas de violencia institucional, organizaciones sociales y de Derechos Humanos, estudiantes y distintos actores de la comunidad.
En ese marco, se realizó una radio abierta donde se dio difusión a distintos casos, se entrevistó a familiares, se hizo una proyección en memoria de Miguel, hubo música en vivo y se exhibió las muestras de los trabajos realizados en los talleres de la Casa de Cultura y Oficios Miguel Bru.
Como siempre, la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP acompañó a Rosa Bru para exigir, una vez más, “que nos digan ¿Dónde está Miguel?”.
Miguel tenía 23 años cuando lo desaparecieron. En estos 33 años ya se realizaron 43 rastrillajes de búsqueda. El Gobierno de la Provincia de Buenos Aires ofrece una recompensa de hasta 10 millones de pesos a quien aporte información que permita encontrar su cuerpo.
En 1999, en juicio oral y público se condenó a perpetua al ex subcomisario Walter Abrigo, quien murió en la cárcel, y al sargento Justo López, por el homicidio y desaparición, mientras que por encubrimiento fueron sentenciados el ex comisario Domingo Ojeda y el ex oficial Ramón Ceressetto.
En noviembre pasado, López también falleció en un hospital de Florencio Varela Justo José López. Era el único que permanecía detenido. López cumplía su condena en la Unidad Penal Nº 24 y desde hacía tiempo intentaba acceder a la libertad condicional, un beneficio que la Justicia le negó en reiteradas oportunidades.
Siempre sostuvo su inocencia y aseguró haber sido víctima de una maniobra política, aunque los tribunales lo señalaron como partícipe directo del crimen. López había sido internado en grave estado, afectado por un cáncer de esófago. Murió sin aportar ningún dato.