A Sandra Ortiz, administrativa de 32 años, se le ocurren múltiples razones por las que vale la pena pasar todo el mes de agosto en Madrid, como ella está haciendo. La principal, en su opinión, son las noches de la verbena de La Paloma, con sus churros, sus conciertos (este año, Celtas Cortos, Miss Caffeina y The Refrescos, entre muchos otros), sus gallinejas y entresijos o sus concursos de pasodobles y chotis en la plaza de la Paja. Pero también destaca las zarzuelas de la plaza Arturo Barea durante las fiestas de San Lorenzo, las excursiones diurnas para darse un chapuzón en las pozas de Las Presillas o en la playa del pantano de San Juan, el cine al aire libre en el parque del Tercer Depósito (aprovechará, si se acuerda, para ver “la última comedia de Gómez Pereira”), los conciertos de música clásica bajo los árboles centenarios del Olivar de Castillejos, los últimos días que permanecerá abierto el circuito de karting del Palacio de Hielo o los paseos a media tarde por un parque del Retiro bastante menos concurrido que de costumbre.

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