Cuando Mette Frederiksen llegó al Parlamento danés con 24 años, solía advertir a sus compañeros contra la tentación de competir con los populistas en el terreno de la inmigración. “Siempre pueden dar un paso más hacia la derecha”, sostenía en 2001. Un cuarto de siglo después, la primera ministra danesa se ha convertido en una de las principales defensoras del endurecimiento de las políticas migratorias en Europa. Esta semana firmó una carta junto a su homóloga italiana, la ultraderechista Giorgia Meloni, en la que vinculan la “inmigración descontrolada” con la delincuencia y reclaman la creación de centros de deportación en países extracomunitarios. La alianza entre ambas dirigentes resume la transformación de la socialdemocracia en Dinamarca.

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