Las cotizaciones en Chicago buscan el nivel adecuado al contexto internacional y el estadounidense. La guerra en Medio Oriente, el conflicto en el Mar Negro y los recortes productivos en la Unión Europea (UE) son factores de tono alcista, al tiempo que la suba de tasas en Estados Unidos y un clima que no ha sido perfecto en esta nación plantean interrogantes importantes. Así las cosas, los “fondos” entran y salen buscando tomar ganancias, generando un cuadro de volatilidad innegable. En nuestra opinión, las alzas de agosto fueron más que justificadas y la lateralización de los precios en septiembre también.
Ahora, los silos en EE.UU. se están llenando de maíz y de soja y ello debiera generar tranquilidad del lado de la demanda, al menos por algunos pocos meses. Sin embargo, si dejamos de lado los “fundamentals” del mercado, no puede negarse que los factores exógenos siguen y seguirán dando que hablar. El fin de la guerra en Medio Oriente no pareciera ser un evento de probabilidad de ocurrencia cercana, lo mismo que el fin de las hostilidades entre Rusia y Ucrania. Ello, pues el tráfico de armas es una importante fuente de ingresos para muchos y podría explicar semejante hipótesis.
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Pues bien, en semejante contexto resulta difícil imaginar escenarios de precios en la plaza granaria. Lo que sí es cierto es que las reservas mundiales de trigo y maíz vienen cayendo desde hace varios años a pesar de las cosechas récord registradas. Esa realidad tiene nombre y apellido: Asia Pacífico. Es en esa región donde el consumo de pan y de carnes continúa escalando. En el caso de la soja, en cambio, las reservas mundiales se muestran estables.
Pero en EE.UU. se muestran ajustadas. Entonces, nuestra frase “Chicago queda en EE.UU.” es la que explica la firmeza de la oleaginosa. No obstante, un mes atrás asegurábamos que lo más recomendable para el productor argentino era efectivizar coberturas ante niveles de precios que permitían capturar rentabilidad sin perder beneficios ante nuevas y eventuales alzas.
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Un maíz de US$200 por tonelada para abril o una soja mayo de US$350 no eran para despreciar. Es cierto que no es sencillo lograr coberturas por los volúmenes deseados en la plaza doméstica, pero se pueden complementar con algunas opciones en Chicago. También es cierto que se trata de montos no menores. Pero, cuando se planifica una campaña hay que tener en cuenta los gastos en semilla, en fertilizantes, en laboreos, etc., pero también prever gastos en coberturas. Quien no piensa en estos últimos, no está manejando bien su patrimonio. Particularmente, en campañas como la actual que brindan esa posibilidad.
Hoy por hoy, entendemos que aún hay margen para el optimismo, pero manejando los “tiempos del mercado”. La demanda interna de maíz en EE.UU., por ejemplo, hoy no muestra mayor apuro al ver llenarse los silos con el forrajero. Pero en abril, al comenzar una nueva campaña y cuando los silos estén por la mitad, la pregunta será: ¿los volverán a llenar? El consumo interno en dicha nación necesita 330 millones de toneladas de los 400 millones que produce. “Say no more”, como diría Charly García. Por ello, siempre decimos que con mucha (y buena) información y un poco de criterio se puede intentar imaginar escenarios de precios con buena probabilidad de ocurrencia.
El autor es presidente de Nóvitas SA