La inseguridad alimentaria severa avanzó en la Argentina y habría sumado más de 550.000 hogares en situación de vulnerabilidad, según estima un estudio del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (ODSA-UCA), que permitió reconstruir cómo se distribuye el riesgo en el territorio nacional.
Como establece el informe, la probabilidad promedio estimada de que un hogar atravesara una situación de inseguridad alimentaria severa pasó del 7,94% en 2010 al 9,49% en 2022. El aumento fue de 1,55 puntos porcentuales, aunque el impacto no fue uniforme y las diferencias entre provincias resultaron marcadas.
El mapa elaborado por los investigadores muestra una brecha de casi 15 puntos entre los extremos. En 2022, Formosa presentó el nivel más elevado, con un 18,77% de hogares en riesgo, seguida por Chaco, con 17,46%, y Santiago del Estero, con 17,40%.
En el otro extremo apareció la ciudad de Buenos Aires, con un 3,93%, seguida por Santa Cruz, con 6,02%, y Tierra del Fuego, con 6,18%. La comparación entre Formosa y CABA marca una diferencia de 14,81 puntos porcentuales.
PEOR EN EL ÁMBITO RURAL
El estudio también revela que el problema adquiere una dimensión diferente según el lugar de residencia. En las zonas rurales dispersas, el riesgo estimado alcanzó el 22,44% en 2022, frente al 8,82% de las áreas urbanas. Aunque el indicador rural descendió levemente respecto de 2010, cuando había llegado al 23,89%, continuó siendo aproximadamente dos veces y media superior al urbano.
En las áreas rurales agrupadas, en cambio, el riesgo aumentó: pasó del 12,52% en 2010 al 15,06% en 2022. Los datos muestran así que las condiciones alimentarias también presentan diferencias significativas dentro de los distintos tipos de asentamiento.
El norte del país concentra los niveles más elevados. En 2022, el Nordeste (NEA) registró una probabilidad promedio de inseguridad alimentaria severa del 15,81%, mientras que en el Noroeste (NOA) alcanzó el 14,23%. El NEA fue la única de las seis regiones analizadas que mostró un descenso respecto de 2010, cuando había registrado 16,21%.
El NOA, en cambio, experimentó un incremento, al pasar del 13,56% al 14,23%. También aumentaron los promedios correspondientes a Cuyo, la región Pampeana, el Gran Buenos Aires y la Patagonia.
El informe, titulado “La geografía del riesgo alimentario en la Argentina (2010-2022)”, combinó los datos de los censos nacionales con información de la Encuesta de la Deuda Social Argentina. Como los censos no incluyen preguntas específicas sobre inseguridad alimentaria, los investigadores construyeron un modelo para estimar la probabilidad de riesgo de cada hogar y luego proyectarla sobre distintas áreas del territorio.
La inseguridad alimentaria refiere a las dificultades de los hogares para sostener una alimentación adecuada. En sus expresiones más graves puede implicar una reducción de la cantidad o calidad de los alimentos y experiencias de hambre vinculadas con la falta de recursos económicos.
El trabajo también encontró una fuerte persistencia territorial. De los 20 departamentos con mayor riesgo, 17 aparecieron dentro de ese grupo tanto en el censo de 2010 como en el de 2022. Los tres departamentos que encabezaban el ranking, además, conservaron esas posiciones en ambos relevamientos.
Para los investigadores, uno de los principales aportes del estudio es justamente poder observar el problema con un nivel de detalle territorial que hasta ahora no estaba disponible. “No teníamos medidas sobre lo que estaba ocurriendo en el territorio a un nivel desagregado microsocial y microterritorial”, explicó Agustín Salvia, director del ODSA-UCA.
El análisis de los censos permite así no solo dimensionar el aumento registrado a nivel nacional, sino también mostrar dónde se concentra el mayor riesgo y cómo se mantienen, cambian o profundizan las diferencias entre las distintas regiones del país