La historia siempre recuerda a la primera persona que consigue una meta importante, y la mayoría de las veces olvida a la segunda. ¿Alguien sabría decir quién dio la vuelta al mundo después de Juan Sebastián Elcano, la expedición que llegó a América después de la de Colón o la que llegó al Polo Sur después de Amundsen? Lo mismo sucede cuando se rompe una brecha de género. La historia suele recordar a la que rompe el techo de cristal, pero olvida que las que vinieron después no lo tuvieron nada fácil. Seguir leyendo Empezar a cotizar con 53 años — Goeppert-Mayer vivió toda su vida profesional sufriendo las consecuencias del sesgo de género en el mundo académico: universidades que no contrataban a mujeres, revistas que no publicaban sus trabajos si no iban firmados por un hombre, y colegas que se referían a ella como “la esposa de Mayer, que le gusta la ciencia”. Su primera nómina no llegó hasta 1959, cuando fue contratada como profesora titular en la Universidad de California, en San Diego. Tenía 53 años y ya había hecho el trabajo por el que recibiría el Nobel. Cuando recibió este premio, en 1963, un periódico local lo anunció con el titular: “Madre de La Jolla gana el Premio Nobel”. Sin comentarios.