Pesa apenas 50 gramos, su color más habitual tira al burdeos y cuando madura su piel se arruga. Abrirlo es, además, una sorpresa: en su interior, casi vacío, apenas hay unas semillas rodeadas de un poco de pulpa. Pero qué pulpa: concentra todos los intensos sabores del maracuyá, fusión de dulces y cítricos que conquista el mercado en multitud de variedades. Lo hace el Nestea de este sabor que arrasa en bares y restaurantes o el último chocolate de Mercadona. Entre medias, zumos, kombuchas, cócteles, yogures, tartas y platos de menú degustación de restaurantes. Y, aunque gran parte de esta fruta se importa desde Latinoamérica, España cuenta ya con unas 400 hectáreas de un cultivo más rentable que aguacates y mangos, pero de difícil comercialización.

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