El verano suele asociarse con descanso, improvisación y horarios más flexibles. Sin embargo, para muchas familias que conviven con un niño con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) o con trastorno del espectro autista (TEA), las vacaciones también pueden convertirse en un desafío. La desaparición de la rutina escolar, los viajes, los cambios de planes, las reuniones familiares o el aumento del tiempo libre pueden alterar el equilibrio que, durante el curso, ayuda a estos menores a desenvolverse mejor.
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