Es cada vez más común en la Región encontrar empalizadas que buscan aislar alguna obra de reparación realizada por empresas de servicios públicos, que permanecen durante meses sin que los trabajos de finalización se concreten, al punto de que esas vallas muchas veces caen vencidas por el tiempo sobre los montículos de escombros y así permanecen muchos meses.
En este sentido, días atrás un vecino de Villa Elvira denunció que una obra inconclusa atribuida en forma conjunta a dos empresas de servicios públicos en la esquina de 76 y 117 provocó severos daños estructurales y profundas grietas en su vivienda, con un riesgo constante de derrumbe, tal como lo dijo ante este diario.
Sea la reparaciones de baches, que no se realizan siguiendo los parámetros técnicos correspondientes –ya que en lugar de cuadricular en forma previa el área a reparar se suele arrojar en pala el asfalto, a veces sin la temperatura adecuada, de modo que en pocas semanas el material vuelve a hundirse y el bache renace- o el arreglo de cañerías o cables subterráneos, luego tapados “provisoriamente” con tablas sobre las veredas, que permanecen así durante mucho tiempo e impiden un tránsito normal a los peatones, son múltiples los trabajos inacabados en la vía pública.
Hace pocos años, de acuerdo a informes oficiales, en nuestra ciudad, a lo largo de doce meses se registraron 54 pérdidas de gas por roturas de caños, mientras que Edelap debió atender unas 250 reparaciones de cables subterráneos, a partir de roturas causadas en su mayoría por otras empresas de servicios y cuadrillas municipales en las veredas. Si a eso se le suman los baches y las roturas de pavimentos realizadas en muchas esquinas de la periferia –a partir de las cañerías de desagotes pluviales que se taparon debajo de las calles- son muchas las obras que quedan inconclusas y que causan serios trastornos en los barrios. En estos casos no arreglan lo que estaba mal y rompen lo que estaba bien.
Se conoce también que casi no pasa semana sin que operarios que trabajan con máquinas retroexcavadoras corten algún caño y provoquen situaciones de riesgo o contratiempos: desde fugas de gas hasta enormes pérdidas de agua, algo que, cada vez que ocurre, suele dejar sin ese servicio a barrios enteros. Está claro que en no pocas oportunidades son también personas particulares las causantes de estos accidentes, al realizar tareas sin tomar la precaución de haber solicitado primero los planos de la zona, para conocer acerca del recorrido de las distintas cañerías.
También se ha requerido a las autoridades responsables que se evite, a todo trance, la superposición de trabajos en la vía pública, planificándose con racionalidad su secuencia. La previsión y la racionalidad deberían formar parte de la programación de las obras públicas ya que, en cambio, concretarlas sin cumplir con esas condiciones, origina gastos improductivos para el Estado y perjudica a miles de vecinos.