El Gobierno consiguió mantener el dólar oficial mayorista por debajo de los $1500, pero la calma cambiaria empezó a contrastar con las señales que llegan desde otros activos argentinos. El riesgo país se ubica en los 483 puntos básicos , el nivel más alto de los últimos dos meses (hoy vuelve a subir tres puntos), mientras que los bonos soberanos perdieron terreno incluso frente a países emergentes comparables. Detrás de ese movimiento aparece una preocupación que comienza a ganar espacio entre los inversores: qué puede ocurrir con la economía y, en consecuencia, con el escenario político de cara a las elecciones presidenciales de 2027.

Una de las señales más claras apareció en la deuda en dólares. El Global 2035, uno de los bonos argentinos de referencia para los inversores internacionales, pasó en poco tiempo de rendir 8,6% a 9,5% anual, según la consultora 1816. En otras palabras, el mercado pasó a exigir casi un punto porcentual adicional de rendimiento para quedarse con ese título. La firma destacó, además, que la deuda argentina tuvo un mal desempeño frente a otros emergentes comparables.

“Los números de actividad no ayudan, porque siguen consolidando la idea de una economía muy heterogénea, con los sectores intensivos en mano de obra sin terminar de recuperarse”, planteó 1816.

El movimiento, además, tuvo un componente particularmente argentino. Según GMA Capital, en la última semana toda la curva de Globales operó en terreno negativo, con bajas de hasta 1,1%, que se profundizaron este lunes, mientras que en la misma ventana los bonos de Ecuador avanzaron 0,6%, los de Pakistán 0,5% y los de Egipto 0,4%. El promedio de los emergentes se mantuvo prácticamente estable. Para la consultora, la debilidad argentina parece responder más a factores propios que a un shock internacional.

El contraste es relevante porque el dólar, en cambio, se mantuvo prácticamente inmóvil. Quantum Finanzas, de Daniel Marx, calculó que, después de depreciarse 10,2% entre mediados de abril y comienzos de julio, el tipo de cambio oficial se estabilizó desde el 8 de julio alrededor de los $1500.

Esa estabilidad, sin embargo, no fue gratuita. El Gobierno combinó una menor velocidad de compra de reservas con una mayor oferta de instrumentos dólar linked, intervención en futuros y tasas en pesos algo más altas. Quantum estimó, además, que el BCRA vendió alrededor de US$1000 millones en los mercados libres entre abril y junio. Para la consultora, esas acciones “parecen haber tenido éxito en la estrategia oficial de reducir las expectativas de depreciación en el corto plazo”.

El banco Barclays puso números a esa preocupación en un informe distribuido entre sus clientes. Si se excluyen agricultura y minería, señaló la firma británica, la actividad económica se encuentra prácticamente estancada en los niveles de noviembre de 2023, justo antes de la llegada de Javier Milei al poder.

Además, los salarios formales reales están 7% por debajo del primer semestre de aquel año y el empleo formal cayó 3,5% frente al cuarto trimestre de 2023.

La debilidad tampoco está limitada a los sectores industriales más expuestos a la apertura comercial. La producción textil se encuentra 35% por debajo del primer trimestre de 2023, pero los alimentos procesados —un sector en el que la Argentina tiene ventajas competitivas— apenas están 0,5% por encima de aquel nivel. La construcción, que no enfrenta competencia de productos importados, está 13% abajo. El contraste es con los sectores ganadores: energía, minería, agro y finanzas. Barclays mantuvo su proyección de crecimiento de 2,5% para 2026, aunque ahora identificó riesgos a la baja.

“Una vez que la menor inflación se normaliza, el consumo y los ingresos se vuelven más relevantes para el votante medio”, sostuvo Barclays. El banco consideró elevada la barrera para un regreso a políticas macroeconómicas populistas en las elecciones presidenciales, pero advirtió: “Es probable que el mercado internalice los riesgos”.

La consultora LCG también vinculó el comportamiento reciente de los activos con la economía y el calendario electoral. La firma señaló que, “como consecuencia de una economía estancada” y de las dudas sobre cuál será el rumbo político y económico a partir del próximo año, el riesgo país volvió a subir. Para LCG, el BCRA todavía cuenta con instrumentos suficientes para administrar el tipo de cambio mientras la dolarización de carteras permanezca contenida, pero deberá balancear dos objetivos que pueden entrar en tensión: “inflación/estabilidad y actividad económica”.

Las elecciones, de hecho, ya empiezan a aparecer en algunas decisiones concretas de cartera. Según Grit Capital, el stock de instrumentos de cobertura cambiaria habría crecido alrededor de US$9000 millones desde junio y ya superaría los US$12.000 millones. La firma señaló que empresas y otros participantes del mercado comenzaron a reposicionarse de cara al ciclo electoral de 2027 y a la menor oferta estacional de dólares prevista para los últimos cinco meses del año.

Eso no significa que el mercado esté descontando una derrota electoral del Gobierno. Grit sostuvo que Milei todavía es el favorito para conseguir la reelección. La novedad es otra: después de meses en los que la desaceleración de la inflación y la mejora de los indicadores financieros dominaron las decisiones de cartera, empiezan a incorporarse escenarios que hasta hace poco parecían más lejanos.

“La psicología del mercado en la Argentina ya está siendo determinada por escenarios electorales de ‘qué pasaría si’”, resumió Grit, que señaló como una fuente de preocupación la debilidad en la creación de empleo y en los ingresos reales.