Hay una canción de Will Oldham con la que me identifico mucho. Dice: “Cuando sólo se puede hacer una cosa / ya sabes que yo no voy a hacerla / y cuando sólo hay una manera de resolverlo, a veces yo sigo sin querer hacerlo así”. Basta que alguien quiera que yo haga algo para que yo no quiera, sobre todo si emplea una táctica oblicua y es una poderosa multinacional. Por ejemplo, un gigante tecnológico con una demanda que parece una serie de Netflix escrita para imantar a la prensa y no para convencer a un juez. O cuando un consejero delegado de currículum dudoso dice que una poderosa inteligencia artificial (IA) escapó de su laboratorio y lo cuenta como si fuese la víctima de una criatura mítica y no su principal responsable. Después de cubrir Stuxnet, Rowhammer, Solarwinds, y el botnet Mirai, creo que ese relato tiene más agujeros que un pasapurés.

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