El presidente francés, Emmanuel Macron, se instaló la semana pasada en el fuerte de Brégançon, la tradicional residencia estival de los mandatarios franceses levantada en un islote en la Costa Azul, donde pasa sus últimas vacaciones como presidente de la República. En estas semanas cesa su frenética actividad internacional y prepara el inicio del curso político, aunque este verano es distinto: a ocho meses de las elecciones presidenciales, sus días de descanso tienen un inevitable aire a despedida y balance.
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