Daniela llevaba ya varias horas sepultada cuando alguien, desde una montaña de cascotes, le preguntó su nombre. Ella gritó también el de su hijo. Y después el nombre de su padre. Fue así como los rescatistas supieron que la mujer que acabarían sacando de allí con vida era la misma cuyo rostro y cabello rubio llevaban casi dos días circulando en un cartel: “Se busca. Daniela Andrea Largo Sánchez, 32 años. Desaparecida en Pereira durante el temblor”.
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