Los sectores productivos y comerciales transitan una realidad económica complicada, al enfrentar un combo de fuerte caída del consumo originada en diversos factores, como por ejemplo la merma en el poder adquisitivo de los trabajadores y las ventas on line, entre muchos otros.

El último relevamiento de indicadores sectoriales que elabora la consultora Qualy, correspondiente a agosto, confirma que la recuperación de la actividad económica todavía es despareja. Mientras el complejo petrolero y el agro traccionan a algunos eslabones industriales puntuales, el universo de las pequeñas y medianas empresas, medido a través de los relevamientos de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), continúa con números en rojo tanto en las ventas minoristas como en la producción fabril.

Según el reporte, el índice de ventas minoristas pyme, con base diciembre de 2022 igual a 100, cayó 2,1% en julio respecto de junio en la serie desestacionalizada y acumuló una baja de 3,8% frente a igual mes del año pasado. En lo que va de 2026 el retroceso acumulado llega a 2,7%, aunque si la comparación se hace contra 2024 el índice todavía exhibe una mejora de 4,8%, un dato que matiza el diagnóstico de corto plazo sin modificar la tendencia reciente.

El propio informe de CAME, citado por Qualy, atribuye la caída de julio al agotamiento del efecto del aguinaldo cobrado en junio y al impacto de las tarifas de los servicios en la temporada invernal sobre el presupuesto de los hogares. Esa combinación derivó en lo que el relevamiento define como un consumo defensivo, concentrado casi con exclusividad en artículos básicos y medicamentos, con la compra de bienes durables postergada.

POR RUBROS

La foto por rubro confirma ese diagnóstico. De los siete sectores relevados por CAME, seis retrocedieron en julio y solo uno mostró una variación mensual positiva: ferretería, materiales eléctricos y materiales de la construcción, con una suba de 0,6%, aunque arrastra una caída interanual de 4,5%. En el otro extremo se ubicó farmacia, con un derrumbe de 6,9% mensual, pese a que en la comparación interanual exhibe cifras positivas. Bazar, decoración, textiles para el hogar y muebles fue el rubro más golpeado en el acumulado del año, con una baja de 10,3%.

Alimentos y bebidas, el rubro de mayor peso en el gasto de las familias, bajó 2,3% mensual y 5,4% interanual, en línea con el retroceso generalizado del poder adquisitivo. Calzado y marroquinería cedió 5,3% en el mes, mientras que perfumería fue de los pocos rubros que logró sostener una variación interanual positiva, de 1%, aunque con una leve caída mensual de 2,3%.

Del lado de la oferta, el informe describe una rentabilidad comercial cada vez más ajustada. Los mayores costos operativos y la creciente dependencia de las promociones bancarias erosionaron los márgenes de los comercios pyme. Esa presión se tradujo en una percepción más negativa sobre la marcha del negocio y en una parálisis de las inversiones de capital, aunque el relevamiento rescata un dato de contexto: pese al mal momento coyuntural, surgió un moderado optimismo respecto de las expectativas comerciales a largo plazo.

LA INDUSTRIA PYME, SIN PISO A LA VISTA

El otro indicador de CAME que releva Qualy, el Índice de Producción Industrial Pyme (IPIP), tampoco muestra señales de recuperación. En mayo, último dato disponible, el índice bajó 0,2% mensual en la serie desestacionalizada y acumuló una caída de 7,8% frente a igual mes de 2025. En lo que va del año la contracción llega a 6,8%, y si la comparación se traza contra 2024 la merma es de 2,2%.

El diagnóstico de la entidad apunta a tres factores combinados: la pérdida de liquidez en los canales comerciales, el deterioro del poder adquisitivo de los consumidores y el incremento de los costos de producción. A eso se suma la competencia de la apertura de importaciones y una ralentización de las órdenes de compra, elementos que profundizan las dificultades del entramado fabril de menor escala.

Frente a ese escenario, las empresas pyme apelaron a distintas estrategias de mitigación: redujeron el tamaño de sus lotes productivos, flexibilizaron los plazos de financiamiento a clientes y multiplicaron las promociones comerciales. En materia de expectativas, el informe describe un panorama dividido, con una tendencia dominante hacia la postergación de nuevas inversiones, en un contexto macroeconómico que las propias firmas perciben como poco propicio.

Por sector, el desempeño de mayo fue negativo en casi todos los rubros relevados por CAME. El más afectado fue químicos y plásticos, con una caída interanual de 21,3% y un acumulado anual de 9,7%. Le siguió papel e impresiones, con una baja mensual de 11%. Alimentos y bebidas, pese a ser uno de los pocos bloques manufactureros que logra sostenerse a nivel agregado nacional gracias al impulso exportador, mostró en el segmento pyme un retroceso de 5,2% mensual y de 10,5% en el acumulado del año. Maderas y muebles y textil e indumentaria completaron el cuadro negativo. Solo metal, maquinaria y equipo, y material de transporte mostró una dinámica más estable, con una variación acumulada de apenas 0,3%.

ECONOMÍA A DOS VELOCIDADES

El informe de Qualy enmarca estos datos de las pymes dentro de un diagnóstico más amplio. Según la consultora, el mapa sectorial de agosto consolida una dualidad estructural marcada: el sector petrolero, con récords de producción y Vaca Muerta como principal motor, junto al agro, traccionan a bloques manufactureros puntuales como la refinación de petróleo y la elaboración de alimentos.

Ese arrastre explica por qué el índice de producción industrial general, medido por el INDEC, mostró en junio una suba mensual de 0,9% y una mejora interanual de 2%, aunque todavía acumula una caída de 12% frente a los niveles de 2023.