Las fiestas patronales marcan para muchos jóvenes el inicio de una etapa llena de primeras veces. Llegan las primeras salidas sin la supervisión constante de los padres, las negociaciones sobre los horarios el regreso a casa de madrugada, los primeros ligues, las decepciones, el primer baile, la primera cerveza. Durante unos pocos días se concentran experiencias que, el resto del año, suelen vivirse de forma más gradual y bajo un mayor control adulto. Para los padres, también supone un punto de inflexión. Aparecen las dudas sobre hasta dónde dar libertad, cuándo conviene intervenir o qué normas negociar. ¿Qué papel desempeñan estas vivencias en el desarrollo de los adolescentes? ¿Cómo prepararlos para gestionar la presión del grupo y las primeras decepciones? ¿A partir de qué edad pueden empezar a salir solos?
Seguir leyendo